16 de mayo de 2008

POTOSI MARAVILLOSA, DIA 1.

Llegados a Potosí luego de semejante odisea de viaje, decidimos descansar. A las 6 de la mañana, con la luz del día que se colaba entre las cortinas de la ventana, no hubo más forma de poder dormir razón por la cual decidimos levantarnos para aprovechar al máximo el día.
Bien temprano decidimos ir a la terminal de omnibus para sacar los pasajes a Villazón. Para ello nos habíamos tomado un simpático colectivo que por un boliviano cada uno nos llevó. En la terminal nos encontramos a la pareja de italianos que sufrieron junto a nosotros y otros tantos el varado de los jeeps en el medio del Salar. Allí nos dimos cuenta lo afortunados que fuimos nosotros pese a todos los problemas cuando nos enteramos que a ellos les habían sustraído algunos efectos personales.
De vuelta nuevamente al centro con un pequeño colectivo como el que tomamos en la ida descubrimos que la costumbre es pagar recién cuando uno se baja y no cuando apenas sube. Llegamos al centro de la ciudad y recorrimos la plaza principal en cuya estatua central hay referencias al Potosino Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta, además de algunas otras placas dedicadas a la ciudad, a la Independencia de Bolivia.


Axel en la Plaza principal de Potosí.

Potosí es un sitio histórico de gran importancia, a cada paso que da uno encuentra historia y más historia e iglesias de naturaleza diversa. La arquitectura de Potosí es verdaderamente llamativa, colonial, muy pintoresca, con casas con balcones cerrados y muy coloridas, calles angostas y en su mayoría empedradas que le dan un toque de autenticidad único. Frente a la plaza principal se encuentra la catedral, la cual estaba cerrada. Hacía otro punto frente a la plaza está la maravillosa sede de la Prefectura de Potosí que resalta con su fuerte color amarillo.

Catedral de Potosí.

Edificio sede de la Prefectura del Departamento de Potosí.

Seguimos nuestro camino directamente hacia la Casa de la Moneda, la cual se encontraba cerrada. Este es un dato de suma importancia: la Casa Nacional de la Moneda se encuentra cerrada los días lunes, por lo cual decidimos seguir sobre la misma calle, Ayacucho, hasta la Torre de la Compañía de Jesús a la que accedimos al maravilloso mirador desde donde puede divisarse toda la ciudad.

Desde lo alto de la Torre de la Compañía de Jesús.

Camino abajo llegamos al Convento de Santa Teresa el cual fue construido en 1761 y atesora grandes reliquias de tiempos de la colonia y un gran contenido histórico-cultural. La visita allí dura cerca de dos horas con explicaciones en todas y cada una de las salas integrantes del convento y una excelente predisposición de sus guías por detenerse en todos sus detalles. Para ese entonces nos dimos cuenta de una política que es una constante en todos los museos: el pago adicional de derecho de uso de cámara, en todos los casos sin flash, el cual implicaba invariablemente entre 15 y 20 Bolivianos adicionales.

Uno de los patios interiores del Convento de Santa Teresa.

Imagen religiosa en el Convento de Santa Teresa.

Hacia el mediodía nos fuimos a la agencia Andes Salt Expeditions para hacer la excursión a las minas del Cerro Rico (Sumaj Orko). Sabíamos que dicha agencia es una de las más prestigiosas de Bolivia en materia turística y realmente podemos afirmar que la buena reputación que goza en los foros se traduce en su servicio. A las 13.45 puntuales estaban el guía que nos llevaría por ese mundo interior existente en las entrañas del cerro. Salimos primero caminando hasta una casa en donde ellos guardan toda la ropa y las lámparas que van a ser utilizadas dentro de la mina y dejamos nuestros efectos personales allí en un sitio seguro. Luego de cambiarnos, subimos a una combi que nos llevaría al Barrio Minero. En el camino los dos muchachos que nos llevaban (ex-mineros ellos, ambos desde niños) nos explicaron la historia del Cerro Rico, su explotación por parte de los Españoles primero, luego por parte de empresas privadas, luego del estado y por último de las "cooperativas", también la historia de un grave flagelo que hoy todavía padecen: la explotación infantil y las graves enfermedades que sufren los mineros aún hoy en día como la silicosis. Ya nos referiremos en otra entrada con más detalle al respecto de toda la historia del cerro. 

Barrio Minero (Potosí).

Llegados al Mercado del Calvario, conocido también como Mercado Minero, adquirimos algunos elementos necesarios para entrar a la mina: pólvora, detonadores, nitrato de amonio, mechas, lámparas de carburo (a cargo de la empresa), cigarrillos, hojas de coca y alcohol de 95º. 

El Mercado del Calvario es el lugar en donde los mineros consiguen todos los elementos necesarios para seguir aún explotando y extrayendo, aún todavía después de 500 años, plata, cobre, zinc y otros minerales (aunque ya no de la misma calidad que en tiempos de la colonia).
Antes de entrar en ese "gran queso de gruyere" que es el Cerro Rico hicimos explotar dinamita y subimos a un mirador a 4500 metros sobre el nivel del mar, lugar desde donde se divisa la hermosa ciudad de Potosí entera.

Vista de Potosí desde el Cerro Rico.

Explosión con dinamita.

Luego nos adentramos a los oscuros y estrechos túneles de la Mina Rosario y Mina Candelaria. Al principio eran frescos y ventilados, luego darían lugar a túneles cada vez más oscuros, pequeños y calurosos. 

En el interior de la mina pudimos observar como muchos mineros trabajaban en forma casi manual en la extracción de minerales, dialogamos un rato con ellos, hicimos la visita de uno de los tantos "Tíos" que hay dentro de la mina.

Uno te los famosos "Tíos".

Posteriormente Roslie en un acto de auténtica audacia bajó a un nivel inferior de la mina por un pozo que se comunicaba con el nivel inferior y que la forma de bajar era con una rudimentaria escalera de madera de 15 metros. Una vez llegada a ese nivel inferior, y prácticamente gateando, fue hasta en donde se encontraba un minero que estaba preparando una explosión. Verdaderamente una experiencia muy interesante.

Por ahí en ese huequito se internó Roslie.

Roslie en plena acción.

Ya volviendo del nivel inferior nuestro guía le iba indicando a Roslie como pisar y no "fallar" en el intento.

Ya fuera de la mina volvimos hacia donde estaban nuestras ropas, nos cambiamos, dejamos estampada nuestras firmas en el libro de visitas de la empresa y seguimos paseando por toda la ciudad visitando la Iglesia de San Francisco, la cual visitaríamos nuevamente al día siguiente con mayor detalle, el Arco de la Cobija, la Iglesia de la Merced y la de San Martín. 
Potosí es una ciudad maravillosa en donde las iglesias, las historias de la conquista, la colonia, la luchas de la Independencia (o como le llaman en Bolivia la guerra de los 15 años), la misma historia de Bolivia, su arquitectura y las historias de los mineros se pueden percibir y respirar a cada paso que uno da en ella, en esas callecitas que suben y bajan constantemente y que hacen de esta ciudad una ciudad encantadora. 

Viva Potosí. 
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