12 de junio de 2008

DESPUES DE TRES AÑOS NUEVAMENTE EN PURMAMARCA.




Al bajar en la intersección de las Rutas Nacionales 9 y 52 decidimos empezar a caminar con nuestras mochilas a cuestas y, al cabo de haber realizado un pequeño trayecto de 350 metros nos para una combi que nos llevó hacia el pueblo.
Al llegar a Purmamarca experimentamos que en estos tres años que pasaron hubo algunos cambios significativos, muchos hoteles nuevos, restaurantes, lugares para comprar algunos recuerdos, la escuela hecha a nuevo, algunas casitas nuevas, también muchos comercios cuya gente se notaba claramente no era ni de Purmamarca ni del resto de la Provincia. En efecto la dulce tonada jujeña no estaba tan presente en algunos negocios.

El día pintaba muy pero muy lindo, con algunas nubes, razón por la cual ni cortos ni perezosos nos fuimos rápidamente al hostal y allí después de alojarnos en nuestra habitación salimos rápidamente a la recorrida. La Posta de Purmamarca, así se llama el hostal donde nos alojamos, nos recibía nuevamente después de tres años. La misma gente, eso si producto de la gran afluencia de turismo con muchas más habitaciones disponibles y con una disposición distinta de sus muebles, cosa que fue notada enseguida por Axel. Se puede decir que mucho más cálido y lindo que en el 2005.
Una vez fuera del hotel bajamos por la calle Santa Rosa de Lima hasta Pantaleón Cruz hacia el restaurant la sombra del sauce y desde una de sus ventanas disfrutamos por algunos instantes de la maravillosa policromía del Cerro de los Siete Colores.
Fuera del bar lo primero que hicimos fue subir al Cerro Porito. No lo hicimos por el lado convencional sino por un sendero abandonado el cual implicaba casi trepar a él. Allí nos quedamos por unos cuantos minutos disfrutando de la mágnifica vista que ofrece este mirador natural mientras lamentablemente comenzaba a nublarse.

Después de bajar el cerro tomamos las calles Florida, doblamos a la derecha, tomamos Sarmiento y luego, Lavalle. Por esta misma calle es que llegamos primero al Algarrobo Histórico, luego a la Iglesia de Santa Rosa, y frente a ella, a la Plaza 9 de Julio.

Dentro de la iglesia comprobamos que aún seguía en faltante las reliquias que han robado de dicha iglesia consistentes en objetos de plata y un crucifijo del Siglo XVII. Claramente la presencia de un policía indicaba que hoy se toman medidas de seguridad que en tiempos de antaño no eran necesarias dada la tranquilidad del lugar, pero con la Declaración de Patrimonio de la Humanidad las cosas no son lo mismo y eso vale tanto para aquellas que han sido para bien (las menos) como las que han sido para mal (las más).

Nuestro camino siguio tomando la calle Rivadavia, la cual se termina en el cementerio. Allí visitamos un poco el lugar y luego salimos en dirección al Paseo de los Colorados.
El Paseo de los Colorados, tan caro a nuestros recuerdos, fue recorrido en forma minusciosa. Tranquilamente se lo puede hacer caminando por término de una hora u hora y media - son tan solo tres kilómetros -, pero nosotros nos tomamos para hacerlo dos horas y media parándonos donde quisiéramos retratarnos, o donde quisiéramos subir a alguna montañita. El sol definitivamente se había ido y la amenaza de lluvia era toda una realidad, pero la naturaleza nos dejó poder hacer sin problemas todo el trayecto, y al llegar al hostal, recién allí, empezo una fina lluvia.Ya eran cerca de las cinco razón por la cual decidimos tomar un café y tostadas, de paso especulamos con que pudiera ser posible que dejara de llover. Luego, al término de nuestra riquisima merienda, decidimos caminar hasta la hostería del refugio de Coquena la cual nos habían indicado que ellos hacían cabalgatas. El plan sería hacer una cabalgata hasta las Cuevas de Huachichocana donde están los rastros primitivos de civilización de la Quebrada de Humahuaca. Para llegar a la Hostería hay que caminar por la Ruta 52 hasta el kilómetro 3,5 casi enfrente del Hotel Manantial del Silencio.

Al llegar allí preguntamos si efectivamente hacían cabalgatas a lo que nos contestaron que si, pero que ellos tenían una suerte de "carta de recorridos", entre los cuales no figuraba el nuestro, y que por otro lado el precio que nos pasaron significaba para nuestro presupuesto algo excesivo.

Así que las Cuevas de Huachichocana...serán para otra vez.

Atardece en Purmamarca y la llovizna vuelve a hacerse presente. Las nubes están sumamente bajas a tal punto que no permiten ver gran parte de las montañas. Volvemos al hostal, salimos a caminar, paseamos en los alrededores de la plaza, nos sentamos en el umbral del antiguo Cabildo hoy convertida en Biblioteca, hasta que finalmente, ya de noche, decidimos ir a cenar a un nuevo lugar - por lo menos para nosotros - llamado Sabor a Tierra, lugar en el cual saboreamos ricas comidas regionales con la agradable compañía de un CD de música de Tomás Lipán.

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