19 de abril de 2009

EL IMPRESIONANTE Y EMOCIONANTE CAMINO A TOLAR GRANDE.

Luego de la foto de rigor en el cartel que indica las distancias desde el pueblo de Salar de Pocitos, pusimos proa con la Ford Ranger de la Municipalidad de Tolar Grande hacia el pueblo. Antes de ello debimos pasar por lugares cuya belleza es incomensurable y que pese a que aquí subiremos cerca de una veintena de fotos, creo que ninguna puede llegar a mostrar la belleza de ese lugar en toda su magnitud.


Una recta larga nos esperaba primero en la que debíamos pasar por el mísmisimo Salar de Pocitos, también denominado Salar de Quirón. Esta recta larga de la ruta y la zona que la circunda se la denomina Campo de la Paciencia. Por un largo trecho esta recta nos muestra tan solo una pequeña parte de la belleza de lo que vendrá. Al termino de esta prolongada recta una curva hacia mano derecha nos indica la presencia de unas formaciones rocosas denominadas las pesuñas de vicuña.


Luego de ello el paisaje comienza a transformarse y pronto nos vamos introduciendo a un escenario de otro planeta. En efecto la presencia de pequeñas montañas y del suelo color rojo junto con la ausencia total de vegetación nos hace creer que nos encontramos en el planeta Marte.


Primero viene la formación de Los Colorados. Esta formación nos acompañará durante gran parte del viaje. La ruta se abre camino entre las montañas, por momentos generosamente y por momentos en forma muy pero muy estrecha. En ese tramo de la ruta las piedras que se encontraban junto a la ruta dejaban tan solo el espacio estrecho como para que pase un auto.
Aquí nos acordábamos de un video que nuestro amigo Chugo subió y que no podía parar de ensalsar el maravilloso paisaje.


El silencio era total, cada tanto solo era entrecortado con algunos elogios al paisaje. Disfrutar cada centímetro de este paisaje fue una tarea y una experiencia inolvidable.


Cada centímetro nos rompía la cabeza y nos deparaba una y otra vez la sorpresa y el asombro con el que en un lugar en donde parezca que haya tan poca vida pueda existir tanta belleza.
Así fue como llegamos al Desierto del Diablo en una tarde maravillosa que había dejado atrás definitivamente la tormenta.


Como telón de fondo de este mágnifico desierto están las rojizas montañas denominadas La Catedral. La formación de estas también nos hacen recordar a los moldes de los flanes.


Llegados al desierto ninguno de los dos pudimos aguantar la emoción de ver tan asombroso paisaje. Allí nos quedamos por un largo rato tomando fotos y disfrutando del silencio.


A este asombroso desierto le siguió el tramo denominado Las Siete Curvas desde donde se puede contemplar todo el paisaje del desierto, luego viene el Salar del Diablo. En pleno Salar Los Quioscos, como así son llamados, obligan al conductor a aminorar la marcha y contemplar así mejor la belleza. Todo ello en unos pocos kilómetros que son un suceso de miles y miles de imágenes inolvidables e increíbles.
Luego del Salar del Diablo una formación pétrea llamada Ciudad de Piedra nos sorprende con los rayos del sol frente a ellos. El camino es todo de ascenso hasta llegar al Abra de Navarro, lugar desde el que se desciende para llegar a Tolar Grande.


Un cartel nos indica la llegada al pueblo unos metros antes de que comiencen a aparecer las casas. Hacia uno y otro lado el pueblo se encuentra rodeado de montañas, también a lo lejos pueden observarse los volcanes de la Cordillera de los Andes, pero nada más sorprendente que el colorido Cordón del Macón cuyos colores brillan con el atardecer otorgándole así el mote de Cerros de Oro. Sin dudas nunca tan bien puesto un nombre.


A partir de aquí comienza otra etapa de nuestro viaje, sin dudas MARAVILLOSA.

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