5 de abril de 2009

SAN ANTONIO DE LOS COBRES, ANTESALA DE LA PUNA PROFUNDA (1º PARTE)










Finalmente hemos llegado a San Antonio de los Cobres, ese pueblo a quien tanto hemos recomendado ir pero al que nunca nosotros habíamos llegado y que solo conocíamos por fotos y que todo el mundo nos decía que es lindo lugar. Nuestro primer intento en el año 2005 quedó trunco merced a habernos desviado mucho del camino, en el 2006, el segundo intento, quedó frustrado porque un percance previo en la Terminal de Retiro nos impidió un viaje más ambicioso. La tercera iba a ser la vencida y lo fue...
San Antonio de los Cobres era el punto de enlace hacia un destino aún más ambicioso que era Tolar Grande y sus alrededores...pero esa parte la dejaremos para los próximos posteos. Es que si bien estuvimos solo un día, en parte con lluvia, pudimos conocer bastante. Y así fue...
No bien llegados con el expreso del Ale Bus, que dicho sea de paso tiene un excelente servicio, paramos en el Hostal El Palenque situado sobre la Ruta Nacional 51 (Calle Belgrano) S/Nº (en realidad es al 100 de esa calle pero el hostal no tiene número). La habitación ciertamente era muy sencilla con baño privado, con algunas limitaciones pero con camas cómodas. La dueña María Paula Salva, una señora muy servicial de pocas palabras recién se animó a charlar un poco más fluido con nosotros al día siguiente.
Al poco tiempo de llegar nos fuimos a comer al restaurante Huayra Huasi (Casa del Viento), ubicado en Belgrano (Ruta Nacional 51) esquina Yrigoyen, un parador muy bien puesto atendido por Sandra y Daniel en forma muy servicial y que se habían hecho cargo hace poco tiempo del mismo. En la puerta muchas mujeres oficiaban de vendedoras y ofrecían a los turistas todo tipo de artesanías, tejidos, etc. Roslie se compró allí un chal muy lindo tejido en lana de vicuña y también nos llevamos algunos recuerdos más. Los chicos de San Antonio de los Cobres se agolpaban también alrededor nuestro en búsqueda de que les regalaramos algunos caramelos o nos dejaban papelitos con su dirección para que les enviásemos ropa o útiles, indicando sus nombres y la dirección de la escuela a la que iban.
Luego de salir del restaurante nos dedicamos a recorrer...primero fuimos en búsqueda de la intersección de la Ruta 40 con la 51 y de allí nos fuimos al puesto de información turística a ver si nos daban un plano. Como no había nadie - estaba cerrado por ser sábado, eso creemos - fuimos a las tientas. Primero fuimos a la estación de servicio donde Chugo nos recomendó un muchacho que hacía guiados al Abra de Acay (ese era nuestro plan original) pero no se encontraba, luego seguimos caminando por la Av. Belgrano hasta el hostal para preguntarle a Paula si conocía alguien quien hiciera guiados.
En ese momento Roslie se quedó en el hostal descansando mientras salía en búsqueda de la persona que recomendó Paula en la Hostería de las Nubes.
El tiempo en un abrir y cerrar de ojos se transformó de un día hermoso a una tarde con tormentas y lluvias intermitentes que hacia la noche se transformó en la lluvia más prolongada de todo el verano hasta ese momento.
Luego de que Axel no encontrara a esa persona tampoco ya que estaba haciendo un viaje se fue caminando hasta la Estación de San Antonio de los Cobres en donde pasó una zorra cargada de tola, sorprendiéndolo en su soledad. El cielo comenzó a tornarse tormentoso y un fuerte viento fue la antesala de una fuerte tormenta eléctrica de la cual por una décima de segundo Axel no llega a retratar junto al cartel de la estación.
Las tormentas suelen ser usuales en verano en la zona de la Puna, siendo la estación que más proporciona lluvias. Muchas de estas tormentas son eléctricas, siendo más las veces que caen rayos que lo que cae de agua. Los rayos en la zona son ciertamente peligrosos para la gente y para los animales ya que son verdaderamente los pararrayos de la zona...así que soldado que huye sirve para otra batalla...bajé y me fui derechito al hostal a esperar que pase un poco la tormenta.
Así fue como a la media hora todo había pasado y nos fuimos en búsqueda de un nuevo contacto que aunque sea nos llevara al Viaducto la Polvorilla. Así fue que dimos con el Sr. Olmos quien como se encontraba muy cansado por un viaje que había hecho a Salta ida y vuelta en el día le dijo a uno de sus hijos que lo hiciera por él. A las 17 horas nos fuimos al Viaducto La Polvorilla al que hubierámos preferido conocerlo con un día despejado...pero bueno en fin igualmente lo conocimos.
Llegados a la obra maestra de Charles Fontaine Maury este viaducto de más de 220 metros de largo, a 70 metros del suelo, 1600 toneladas de acero puro y a 4220 metros sobre el nivel del mar quedamos rendidos ante él sacando muchas fotos.
Abajo del Viaducto sacamos muchas fotos y disfrutábamos del entorno encantador que tiene el paisaje. Luego Axel subió a él mientras que Roslie intentó subir hasta que desistió por cansancio y se quedó abajo. Cuando Axel llegó arriba yo (Roslie) era apenas una figura pequeña distinguible. Tengo que confesar, y de hecho le confesé a Axel, que sentí un poco de envidia al verlo allá arriba de todo conquistando el Viaducto y caminando por él.
Axel había subido arriba al Viaducto siendo secundado por dos personas mayores que lograron subir los cuales intercambiaron amablemente sacarse fotografías.
Luego de bajar fuimos a comprar una piedra de cuarzo y feldespato hermosa de recuerdo en la tienda que se encuentra a unos metros del Viaducto.
La tormenta nos corría y el camino al Viaducto no se encontraba en las mejores condiciones, razón por la cual volvimos a San Antonio de los Cobres.
Llegados allí la tormenta se intensificó de un modo tal que nos impidió seguir paseando, razón por la cual prácticamente allí terminó nuestro día.
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