25 de abril de 2009

TOLAR GRANDE.

Finalmente y tras estos conmovedores paisajes puneños, hemos llegado a Tolar Grande.

Tolar Grande es un pueblo pequeño que apenas supera los 180 habitantes, que se encuentra en el medio del Dto. de Los Andes, en la Puna Salteña.

El mismo hoy cuenta con servicios básicos atendidos con la característica cálidez del habitante de estos lares como ser la sala de primeros auxilios, el refugio Franco Argentino Afa Puna, otro refugio más por si sobrepasa la capacidad de este primero, comedores de casas de familia, almacen de ramos generales, un único teléfono público, artesanías, servicio de internet e incluso una antena de largo alcance con la que con determinados celulares podés llegar a tener señal, escuela primaria, un polideportivo con una pequeña canchita de fútbol e iglesia.


Se trata del último pueblo de la Puna Salteña antes de la frontera con Chile por vía del Paso Internacional de Socompa y se encuentra a la vera de la Ruta Provincial 27 que parte desde Caucharí hasta el campamento abandonado de Mina La Casualidad, pueblo que ha sido en otrora una verdadera ciudad con excelentes servicios. Ya contaremos respecto del mismo algo de su historia y de sus historias que nos motivaron a conocerlo.

Llegados a Tolar Grande hemos de notar que el Refugio Afa Puna estaba exclusivo solo para nosotros, es decir, nosotros éramos los dos únicos turistas que habíamos llegado a Tolar Grande. Dejamos nuestras cosas, charlamos un poco con la gente encargada del refugio y con José y luego pasamos por la oficina de la Secretaría de Turismo de la Municipalidad y conocimos allí al amigazo Lorenzo Pilar Martínez con el que Axel tuvo el gusto de contactarse unos meses antes vía e mail.

Contentos de estar allí José nos mostraba algunas fotos de los paisajes que veríamos y alimentaba nuestra ansiedad por conocer y preguntar cada vez más cosas.

Luego de esta linda charla que tuvimos con José y con Lorenzo, le manifestamos a ambos la intención de quedarnos por espacio de cuatro o cinco días con un plan de conocer aún más cosas de las que finalmente conoceríamos. Esta intensión primaria planificada desde un escritorio, desde Buenos Aires y frente a una computadora con internet, chocaría con la realidad y sería imposible. La razón por la que sería imposible obedecía a que de haber sido por la gente de Tolar Grande ellos estarían encantados en que nos quedarámos más días aún - y de hecho así fue el ofrecimiento hasta el 26 inclusive - pero eso era imposible para nosotros en virtud de que teníamos ya pactada la vuelta a Buenos Aires el 25 de enero. Antes para ellos era que nos volvierámos a Salta el día 20 de enero en horas de la tarde, o sea, una estadía de tres días y dos noches. Debemos aclarar que José trató por todos los medios de ver si había posibilidades de que alguna otra camioneta nos pudiera traer aunque sea a San Antonio de los Cobres pero ello fue simplemente imposible.

En ese momento mascullamos un poco de bronca por que el paisaje y el lugar fue como un flechazo a primera vista y las ganas de quedarnos eran muy fuertes pero no podíamos darnos el lujo de perder nuestros pasajes de vuelta ni de volver a Buenos Aires a nuestras responsabilidades laborales dos días después de lo pactado. Con un poco de resignación terminamos aceptando la realidad y por primera vez en estas vacaciones el plan de viaje empezaba a mostrar algunas modificaciones.

Para el día siguiente pactamos con Lorenzo hacer una excursión larga que incluía el cruce del Salar de Arizaro, el Salar más grande de Argentina, la visita a la Estación Caipe y el mirador que hay desde allí del Salar, la visita del Salar de Río Grande, el pueblo abandonado de Mina La Casualidad, el cruce desde Mina La Casualidad hasta el Cono de Arita y por último ya durante la tarde la vuelta a Tolar Grande, una excursión larga, agotadora, pero tan impactante y tan llena de imágenes que hace olvidar de cualquier tipo de cansancio.

Seguido a ello nos fuimos caminando por las escasas cuadras que tiene el pueblo visitando la iglesia, el polideportivo, comprando un poco de yerba para tomar mate en el almacen y en el camino volvemos a encontrarnos con José quien nos pregunta si teníamos pensado cenar. Ni cortos ni perezosos, preguntamos que podía llegar a haber y nos dice: "bueno en lo de Lorenzo hay asado de llama con ensalada"...no lo dudamos un solo momento, hacía allí fuimos a comer ese manjar. Haciendo un poco de sobremesa luego le contamos un poco del porque se nos había ocurrido veranear en este distante paraje de la Puna Salteña y también contamos anécdotas de como lo fuimos conociendo por internet a Tolar Grande gracias a Sebastián de Latitud Cero, a los Viajeros de Eduardo y Carlos y como fue que antes de conocerlo se lo habíamos recomendado a nuestro amigo Chugo quien malogró su intento de llegar en su Renault 12 a pocos kilómetros de Tolar Grande.

Mención aparte, porque no lo habíamos hecho antes y sería injusto de nuestra parte no haberlo hecho, (más vale tarde que nunca) agradecemos la inestimable colaboración de datos que nos ha proporcionado Sebastián Vázquez Zarzoso de Latitud Cero, quien nos ha contactado con la empresa de micros Pullman Bus que nos llevó a San Pedro de Atacama y con los datos que nos brindó del micro a San Antonio de los Cobres y de José Piu para que llegaramos a Tolar Grande. También agradecer la excelente predisposición de José en cada mail, de Lorenzo, su esposa e hijas, del enfermero de Tolar Grande Ricardo Arjona.

Lorenzo quien se había contactado con Chugo también se lamentó mucho de que no pudiera llegar pero nos hizo saber que cuando llegue Chugo será muy bienvenido a Tolar Grande.

Luego de la cena y de la charla de sobremesa nos fuimos a descansar al refugio preparándonos para un nuevo día.

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