24 de mayo de 2009

EL ARENAL Y MIRADOR DE LOS ANDES.

Durante la mañana en que debíamos partir hacia Salta visitamos la zona conocida como El Arenal y Mirador de los Andes. Había amanecido bastante nublado pero en muy poco tiempo las nubes lograron disiparse y por fin apareció el sol resplandeciente.


Por la noche había llovido en Tolar Grande y las cumbres del Macón podían verse nevadas. José atinó a decir que de haber nevado a los chicos que iban a hacer cumbre en Llullaillaco se les iba a complicar el ascenso.
Partimos con la camioneta, previo a desayunar y comprarle algunos pancitos caseros a la señora esposa de Lorenzo, rumbo al Arenal y el Mirador.
Este circuito nos adentra en una de las zonas más áridas en las cercanías del pueblo de Tolar Grande, se transita por el interior de inmensos bancos de arena rojiza que se acumuló en el sector denominado “El Arenal”. En este punto ascendiendo alguno de esos enormes medanos se obtiene una vista magnífica de la cordillera de los Andes. Si bien el paisaje es increíble durante todo el día es ideal ir en horas del amanecer para observar como los primeros rayos del sol van iluminando estas arenas rojas. Un paisaje de otro planeta.

José Piu en el Arenal.



Los primeros rayos de sol comienzan a colarse entre las nubes, las fotos hablan por si solas de la inmensidad del paisaje.

En esta foto estamos señalando hacia donde queda Tolar Grande.

Perdidos en la inmensidad de las montañas, cúan pequeños que somos en este universo.

Las primeras luces del sol empiezan a colarse entre las nubes e ilumina la arena.


La tormenta se pasó hacia el Salar de Arizaro, las tonalidades rojizas comienzan a iluminarse y la sal brilla. En la última foto se pueden ver las sombras de José Piu, Roslie y de Axel contemplando el paisaje.

Roslie y Axel en el arenal, al fondo las cumbres nevadas del Macón.

Axel con el fondo nevado de las Cumbres del Macón.

Ya nuevamente de vuelta en Tolar Grande subimos nuestras mochilas a la camioneta y fuimos despidiéndonos emotivamente de Lorenzo y toda su familia como así también de toda esa hermosa gente de Tolar Grande. Sin dudas nuestro recuerdo de este maravilloso lugar perdurará para siempre y no dudaríamos en volver a él si se presentase la oportunidad de volver a hacerlo.

Tolar Grande nos regalaría esta última postal.

Hasta la próxima Tolar Grande.

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