10 de mayo de 2009

EN MINA LA CASUALIDAD.

Habiendo pasado ya Samenta llegamos a Mina la Casualidad. Antes de contar un poco nuestras vivencias quería contarles alguna de las razones por las que estuvimos allí.
Mina La Casualidad se encuentra en plena Puna Salteña (25º Latitud Sur, 68º Longitud Oeste) en el Dto. de Los Andes muy pegadita a la frontera con Chile a 4000 metros de altitud sobre el nivel del mar.
Era un pueblo minero que dependía de Fabricaciones Militares y que explotaba el azufre que extraía en Mina Julia a unos 25 km. de allí y que llevaba en cable carril hasta el poblado.
Este pueblo supo tener hasta 2000 habitantes, un pequeño hotel, confitería, escuela primaria y secundaria, iglesia, servicios de teléfono, luz, gas natural, red cloacal, agua corriente, casino, un parque para los niños que allí jugaban, hospital y un acceso por ruta asfaltada que hoy todavía se la puede transitar. Es lo que se dice un "pueblo completo" y así quedó completamente abandonado en el año 1978. Esporádicamente ha vuelto a ser habitado (y también saqueado) pero nunca volvió a ser lo que era hasta esa época.
¿Qué ha sucedido en este pueblo que para que todas aquellas comodidades hayan sido completamente abandonadas?
Pues bien acá va su historia que es parte de la triste historia del proceso de desindustrialización de nuestro país.
Mina la Casualidad dije producía azufre que llevaba desde Mina Julia hasta el pueblo en cable carril, desde allí hasta Caipe (otro pueblo fantasma de la Puna Salteña) en camiones y desde este último en tren, si leyeron bien en tren, hasta Buenos Aires utilizando el ramal c-14 (Tren de las Nubes) hasta Salta y desde esta hasta nuestra capital. Un día, de esos negros días de 1978, se decidió por Decreto cerrar la mina por razones "económicas". La decisión obedecía a que era más fácil importar que producir por lo tanto importaríamos y dejaríamos de producir (¿Qué bárbaro no?). Consecuentemente el pueblo entero se quedó sin fuentes laborales y por más que hubiera grandes comodidades era imposible su subsistencia en ese lugar tan desolado de la Puna, no había otros trabajos en torno al pueblo más que estos y algunos servicios. Así fue como ha comenzado un éxodo forzado de sus habitantes que se llevaron todo lo que pudieron llevarse (hasta una imagen de la virgen de su iglesia que hoy está en Tolar Grande). Algunos se fueron hasta Tolar Grande, otros hasta Salta y otros todavía mucho más lejos en búsqueda de un nuevo porvenir, tratando de volver a empezar.
Allí quedó, solitaria, Mina la Casualidad que cada tanto recibe a aventureros y a veces tristemente a saqueadores que se llevan lo poco que queda allí.
Hacía allí fuimos en la Ford Ranger de la camioneta de la Municipalidad de Tolar Grande junto a nuestro guía y amigo Lorenzo Pilar Martínez.



A lo lejos podían verse las instalaciones de lo que en otrora fue un pequeño pueblo que sabía autoabastecerse. A nuestra izquierda en una lomada antes de entrar quedan como mudo testimonio el cementerio. Al entrar al pueblo un cartel indica la distancia existente entre el campamento y Mina Julia: 25 Km, a la izquierda un cartel oxidado descansa sobre la pared de una construcción en ruinas con las siglas FM (Fabricaciones Militares). Por si alguien no lo ha notado aún a lo lejos en una de las montañas también con piedras permanecen las siglas que alguna vez un grupo de personas han colocado allí. Avanzando en el camino llegamos al pueblo fantasma y el aspecto que presenta el mismo no deja de ser más que triste y desolador.

Una cosa es saber por lo leído y otra es estar allí. Soledad absoluta, silencio aterrador, casas saqueadas, construcciones que en otrora albergaron a familias enteras con amplias comodidades y de muy buena factura, el casino del que en gran parte faltan las baldosas de su piso, la iglesia que es el único lugar en donde puede decirse que se le ha "respetado", el hospital, el parque al que se le alcanzan leer su nombre: Manuel N. Savio, los escritos y el fuerte sentimiento que se expresa allí de los que han dejado este pueblo, "la azufrera de mi alma" como rezaba uno de ellos, las instalaciones del centro de acopio, las bolsas de sulfato de sodio que allí todavía quedaron, el azufre esparcido sobre el suelo montañoso que señala el camino que tenía el cable carril.


Allí estuvimos y dejamos nuestro mensaje en papel en una de las casas. Talvez el viento y la soledad se encargó de llevarlo sin destino alguno por la inmensidad del paisaje, talvez alguien lo vea y lo lea, talvez adhiera a lo que decimos y pensamos...quien sabe.

Caminamos y cuando llegamos a la iglesia nos encontramos con un pequeño zorrito que nos contemplaba extrañado.


Luego de ello seguimos camino y nos detuvimos una y otra vez recorriendo sus callecitas, el casino, el parque infantil y el centro de acopio. Luego de sentarnos a contemplar el paisaje por un largo momento decidimos que era hora de partir hacia el Cono de Arita.






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