3 de mayo de 2009

ESTACION CAIPE.



Por un momento la ruta se aparta del Salar de Arizaro y también las vías del tren se apartan de la ruta, en ese momento vaya si que nos encontrábamos solos. Soledad absoluta, desierto, algo de viento y un sol radiante con un cielo que apenas dejaba que tuviera una mínima nube. Lorenzo nos indica que estamos cerca de Taca Taca y que hasta cerca de Caipe no veríamos nuevamente a las vías del tren. Continúa diciéndonos luego de Taca Taca viene Vega de Arizaro y luego Caipe.
Estábamos más o menos allí a unos 3500 metros sobre el nivel del mar y empezaríamos si a subir a los 3923 metros en donde se encuentra la Estación Caipe.
A lo lejos podían apreciarse algunos tanques de la que fue en otrora la estación por la cual llegaban desde La Casualidad camiones con azufre que eran cargados allí y de allí por tren era distribuido este mineral a Salta y de esta a Buenos Aires...en fin otros tiempos.
El último tramo tiene una trepada importante, sin embargo se hace presente una estrecha línea de asfalto bastante bien conservado pese a las inclemencias del medio. Todo era silencio y goce, habíamos llegado a uno de los lugares que siempre quisimos conocer. La ruta asfaltada tuerce hacia la montaña (a la derecha) y hacia el pueblo fantasma de Caipe, mientras que la huella de ripio sigue de frente. El asfalto es el último tramo de la Ruta Provincial 27 que llega a Mina La Casualidad, el ripio nos dirige al Paso de Socompa y es la Ruta Provincial 163. Elegimos el primer camino.
Al llegar a Caipe el sol brillaba frente a nosotros, razón por la cual no podía verse en toda su dimensión la blancura del Salar de Arizaro. Allá, lejos, se podían divisar algunas manchas en el medio del salar. La más curiosa y la que nos atrajo hasta este abandonado lugar fue la que tiene forma de media luna. Estas manchas son en efecto pequeños volcanes que no han llegado a desarrollarse.
Mientras tanto Caipe, triste y solitaria, presenta unas hileras de casitas al costado de la estación, todas ellas en relativo buen estado de conservación con candados.



La estación de lejos presenta un estado de conservación tal que pareciera que en cualquier momento sale de allí su jefe. Curisoamente adornada por unos árboles que se nutren de algún pequeño hilo de agua y que crecen a la vera de la misma. Ya estando en la misma uno puede comprobar que tal estado de perfección que aparenta de lejos no es tal, por dentro algunos papeles tirados y vidrios rotos confirman que por allí no hay nadie desde hace mucho tiempo y que el desorden talvez se deba a algunos viajeros que no han respetado el lugar.



En la estación un viejo convoy de combustible todo oxidado se encuentra estacionado motivo suficiente para subirse al mismo y tomar algunas fotos.


Unos metros abajo de la estación algunas instalaciones, particularmente de quienes se encargaban de maniobrar las vías, quedaban al descubierto en una derruída casa. Unos metros más cerca la iglesia del pueblo y como telón de fondo el Salar de Arizaro.

La vista del lugar realmente es imponente, el silencio total.


Y así fue que como en casi silencio que llegamos (solo interrumpido por el ruido del motor de la camioneta) así fue como también nos fuimos ya tomando por el asfalto de la 27 hacia Mina La Casualidad.
Pero antes de llegar a esta hay muchos paisajes para mostrar...
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