17 de mayo de 2009

VOLVIENDO A TOLAR GRANDE.

Finalmente hemos dejado atrás el hermoso Cono de Arita y su mágnifico paisaje para tomar el camino que atraviesa de suroeste a noreste del Salar de Arizaro. Serían 86 Km. de regreso al empalme con la ruta 27 y de allí unos 18 km. más hasta Tolar Grande.
Durante la primer media hora del viaje el camino presentaba muy malas condiciones cosa que luego fue mejorando.


Hasta ese entonces en varias decenas de kilómetros habíamos visto como únicas señales de vida dos zorros, algunas vicuñas y un minero lavando la camioneta en Mina Arita. En este tramo y para sorpresa nuestra nos cruzamos con dos camionetas de la minera Mansfield, las únicas en todo el camino que andaban como nosotros.
Al llegar a Tolar Grande volvimos totalmente enloquecidos con los paisajes que hemos visto. Nuestra presencia como únicos turistas en Tolar Grande terminó ya que vinieron un grupo muy grande de andinistas que iban a ascender el Llullaillaco junto a Lorenzo y tres turistas franceses aparte.
Roslie se retiró a descansar mientras que yo - Axel - me fui a pasear por el pueblo tomando algunas fotos de la zona vieja, la iglesia y de las montañas que se encuentran alrededor.



En ese paseo me encuentro al enfermero de Tolar Grande, Ricardo "Pinocho" Arjona, quien se me presenta y me advierte del apunamiento. Agradecido por su advertencia le comenté que por suerte estaba muy bien aclimatado ya que junto a Roslie llevábamos cerca de una semana y media por encima de los 3000 metros de altitud llegando a picos que superaron los 4500 metros.
Más tarde José Piu nos preguntó como nos encontrábamos y si queríamos ir a la zona de los ojos de mar. Al encontrarnos muy bien le dijimos que no había problemas que si bien el viaje había sido largo estábamos en perfectas condiciones como para ir hasta allí.
Previo a ello tomamos unos mates y salimos a caminar un poco.
Cuando ya estaba preparada la camioneta salimos raudamente hacia nuestro destino: los Ojos de mar.

Distante a tan solo unos pocos minutos del pueblo, los ojos de mar son unas curiosas formaciones de agua dulce en el medio del Salar de Tolar Grande. Su coloración verde dan muestras de que se trata de un profundo pozo de agua que emerge de las napas. su agua era muy pero muy fría y la proximidad del salar tornaba salobre al agua dulce que allí emerge.
La Puna tiene estas cosas maravillosas a las que se suma la crudeza de sus paisajes y el rudo clima.
Efectivamente en estos momentos en que nos encontrábamos en los Ojos de mar se desata una fuerte tormenta sobre el Cordón del Macón a la que vemos caer algunos rayos y escuchar lejanos truenos. De un lado la tormenta y del otro el atardecer...solo estas cosas pasan en la maravillosa Puna.


Junto con José nos dedicamos a limpiar un poco la zona, a disfrutar del paisaje y a tomar muchas fotos.

Luego volvimos a Tolar Grande nuevamente y nos dedicamos a caminar unos cuantos metros hasta la vieja estación. La tormenta amenazadora que vimos desatarse sobre el Macón se aproximaba. Primero se instalaron negras nubes sobre nuestras cabezas y los truenos cada vez se tornaban más fuertes, luego sobrevino un viento helado muy fuerte y con él finalmente algunas gotas grandes que hicieron desistir a Roslie de seguir avanzando. El viento y la tormenta finalmente regalaron una de las mejores postales de un atardecer en donde el cielo parecía que iba prenderse fuego, sin dudas un espectáculo impresionante.

Por la noche en casa de Pinocho cenamos una comida casera muy rica y conversamos muy animadamente junto a algunos de los expedicionarios de Llullaillaco.
Este era nuestro último día entero en Tolar Grande y pretendimos estirarlo hasta lo más tarde posible. La tormenta que se abatía en los alrededores nos iba a dar nuevamente una gran sorpresa al día siguiente...pero esta es ya otra historia.
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