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1 de junio de 2008

VOLVIENDO A ARGENTINA.

El día comienza en Potosí y termina en La Quiaca así fue como terminó nuestra estadía en Bolivia y se encaminaba las vacaciones con un broche de oro: Purmamarca.
Nos levantamos temprano para salir a la terminal de omnibus, ordenamos todo y nos despedimos de la gente del Hostal La Casona del que podemos decir que tiene un servicio aceptable. Tomamos un taxi hasta la terminal y hacia allí fuimos con buen tiempo como para registrar las mochilas en la boletería que se encuentra en el piso superior de la misma. Cuando vimos como las tiraban dijimos que ni locos se las íbamos a dejar. Razón por la cual las mantuvimos constantemente junto a nosotros. 
El viaje estaba previsto salir a las 8 y llegar a las 17 (hora de Bolivia) a Villazón, con una pequeña parada en Santiago de Cotagaita y en Tupiza. Puntualmente a las 8 se posa un micro de porte muy robusto en la dársena Nº 12 de salida de micros, razón por la cual teníamos duda de que fuera el mismo ya que nos aseguraron que el micro arribaba en la dársena 11. Detalle aparte, nos acercamos a preguntarle y efectivamente ese era nuestro micro, al que subió de inmediato Roslie mientras Axel verificaba donde se guardaban las mochilas. 
Ya 8.10 estábamos saliendo de la terminal con rumbo a Villazón. El micro de la empresa O' Globo es realmente cómodo, limpio, talvez un detalle no menor que era una constante en todos (no tenía baño), pero ya a esta altura realmente poco importaba.
El camino desde Potosí hasta un poco antes de arribar a Santiago de Cotagaita es totalmente asfaltado, en buen estado. Ya más adelante, comienza un ripio rudo que de algún modo justificaba la fortaleza del micro. 
Los paisajes maravillosos que surca la ruta son por momentos devorados por nuestra vista y por momentos imaginados debido al cansancio de haberse levantado temprano y a la comodidad de los asientos que invitaban al descanso. Alternadamente hasta llegar a Santiago de Cotagaita ambos nos quedábamos dormidos, aunque quien durmió más fue Axel que iba del lado del pasillo.
A la hora de viaje el micro se para para subir una familia entera quien todavía nos preguntamos de donde diablos había salido. Rápidamente la familia se sube y toma sus asientos dejando algunos integrantes de la misma parados, entre ellos la mayor del clan. Pobre vieja allí estaba tirada en el piso a veces llorando mientras sus hijos disfrutaban como si nada de la comodidad de un asiento.
El viaje hasta Santiago de Cotagaita tomó aproximadamente tres horas y media, termino más termino menos. Al llegar allí nos encontramos con un pueblo sin brillo del que mejor olvidar su paso por allí. La verdad es que no vale ni siquiera la pena abundar en detalles.
Luego de transponer el pueblo de Santiago de Cotagaita viene una de las partes más duras del camino hasta la joya bella de Bolivia, Tupiza. 
El camino gana en rudeza y los paisajes van de menor a mayor en cuanto a belleza. La sucesión de curvas entre las montañas gigantes transforman en minúsculo al micro. El camino de por momentos es verdaderamente estrecho, justamente en esos lugares es donde se encuentra mejor mantenido. 
El camino a medida que nos acercábamos a Tupiza comenzaba a hacerse familiar, hasta que finalmente pudimos divisar desde la otra margen del río a este hermoso lugar de Bolivia. 
Llegados a Tupiza a las dos de la tarde nuestros estómagos crujían pese a que los habíamos engañado a base de galletitas, razón por la cual compramos algunas provisiones y seguimos camino.
Ya si saliendo de Tupiza nuestro camino era cada vez más y más familiar: El Angosto, Entre Ríos, el Valle Encantado, Suipacha. Una y otra vez podíamos ver a lo lejos las vías de aquel tren que nos introdujo en Bolivia y que en ese momento las veíamos nuevamente en nuestra salida del hermano país. Una y otra vez podemos ver nuevamente los paisajes que habíamos visto y conocido tan solo unos días atrás. Disfrutar con ver nuevamente estos paisajes hizo aún más al viaje en forma placentera.
Llegados a Villazón comprobamos con grata sorpresa que el colectivo llegó una hora antes de lo previsto, o sea, a las 16. Ya una vez abajo del micro tomamos nuestras mochilas y enfilamos por la Av. Antofagasta hasta la 20 de Mayo y luego hasta Av. Argentina.
Disponíamos de algún dinero todavía como para poder gastar, razón por la cual decidimos comprar algunas cosas no sobre Av. Argentina (donde todo es un poco más caro) sino en las calles laterales donde la diferencia en el precio se nota. Fue así como nos quedamos con 2,50 Bolivanos en el bolsillo. Así fue como cruzamos nuevamente la frontera.
Ya haciendo la cola en la frontera para pasar, la cual era muy abultada, Axel comenzó a refunfuñar porque no se movía la fila. Decía "mirá vos tenía que ser la cola de la frontera Argentina la que no se mueve, en Bolivia todo el mundo trabaja rápido y bien, acá no labura nadie..., etc". Protesta por lo bajo va, protesta por lo bajo viene, un agente de Gendarmería Nacional nos toca el silbato.
- Oigan Uds. dos a ver vengan para acá!
Sonamos pensaba para sí Axel.
- De dónde son?
- Somos Argentinos, contestamos ambos.
- Documentos.
exhibimos los documentos, los mirá detenidamente y nos dice:
- vayan a esa cola que nosotros te tenemos el documento y luego de la verificación lo devolvemos.
- Zafamos dijo por dentro Axel quien al ver la cola en la que nos mandaron había solo tres personas.
Al tocarnos nuestro turno levantamos el bolso, lo abrimos y vieron algunas de las bolsas que compramos recientemente entonces nos dicen:
- A ver que llevan?.
- Nada algunas chucherías para regalar a la familia.
- Tecnología ¿nada no? nos pregunta el funcionario de la Aduana.
- No solo lo que llevamos desde nuestras propias casas, una cámara nada más, contesta Axel y exhibe la factura de la cámara adquirida en Argentina.
- Listo, pasen!!!

Ya nuevamente en La Quiaca lo primero que hicimos es tratar de conseguir alojamiento en el mismo lugar de donde estuvimos. Tuvimos suerte si bien no conseguimos una habitación doble, al menos conseguimos dos camitas para dormir y partir al día siguiente a Purmamarca. Lo segundo que se fue a hacer era confirmar que el saldo con el que contábamos en Bolivia no era tal. Para ello Axel fue hasta el cajero del Banco Nación del otro lado de las vías y allí comprobó que efectivamente los cajeros de Bolivia "mandan cualquier fruta en la consulta de saldos". El alma volvió nuevamente al cuerpo al saber que no contábamos con 2,50 Bolivianos. 
Un rato más paseamos por la Ciudad de la Quiaca y cenamos en un bonito bar frente a la plaza principal de la ciudad, el cual ya habíamos cenado en una anterior ocasión en nuestra estadía allá por enero del 2005.
Así fue el día, el último en Bolivia, en que comienza la recta final de nuestras vacaciones. 

13 de marzo de 2008

DESPIDIENDO A TUPIZA, DIA 1 EN EL DESIERTO.





Fotos de la zona de El Sillar (Tupiza).

El 15 de Enero, bien temprano, nos levantamos con el fin de dejar Tupiza y emprender la excursión de 4 días por los lugares más asombrosos que tiene Bolivia. Desayunamos, buscamos algunas botellas de agua mineral, algunos caramelos y chocolates y ordenamos nuestros bolsos como para subirlos al jeep 4x4 que nos esperaba en la puerta del hotel. Junto a nosotros viajaban dos chicos más Tommer, de Israel y Joseph de los Estados Unidos.
Puntualmente a las 9 salió el jeep del hotel, al mando del mismo se encontraba Hilarión y Marcela sería nuestra cocinera. Pronto trabamos conversación con ellos mientras abandónabamos a la hermosa ciudad de Tupiza.
Cuando supieron que éramos Argentinos una de las primeras conversaciones que se impusó fue hablar de fútbol con Hilarión quien nos confesó ser hincha de San Lorenzo de Almagro. Explicaba que "acá mucha gente es hincha de algún club Argentino porque alguna vez residió en Argentina y se hizo de algún equipo, por eso van a ver muchos que son de Boca, muchos de San Lorenzo"....y bromeando agregó "pero ninguno de River". Risas van, risas vienen, llegamos a la primer maravilla que la naturaleza nos da a tan solo tres kilómetros de Tupiza: la Quebrada de Palala. Siguiendo por un camino de cuesta, 14 km. más adelante, nos encontramos con un mágnifico mirador natural: El Sillar. Desde allí puede observarse hacia el sur todo el valle Tupiceño: a lo lejos Tupiza, Toroyoj, Palquiza, Chacopampa, Quiriza y otros parajes más. Un paisaje sin lugar a dudas maravilloso enmarcado por extrañas formaciones rocosas, fértiles valles y el Río San Juan. Los paisajes y las imágenes que se suceden una tras otra nos hablan sin lugar a dudas de un viaje muy prometedor.

El camino.

Seguimos y en el camino fuimos víctimas de algo previsible pero que uno nunca desea: pinchar una goma, la trasera derecha. Rápidamente, y dándose manos a la obra, Hilarión cambió la rueda y seguimos.

Roslie en el lugar que paramos por la pinchadura, atrás Hilarión cambiando la rueda.

A las 11 pasamos por el pueblo de Cerrillos, un pueblo verdaderamente diminuto y muy pintoresco que parecía sacado de una película del lejano oeste. La paz de este pequeño pueblo fue sin lugar a dudas alterada con nuestra visita. La bajada del chico que descansaba plácidamente en la torre de la campana de la iglesia es sin lugar a dudas un signo de nuestra presencia que alteraba el ritmo del lugar.

Capilla de Cerrillos.

Pueblo de Cerrillos.

Luego de sacar algunas fotos seguimos viaje, por momentos el camino resultaba algo duro y al cabo de estar como unas dos horas de camino volvimos a tener nuestro segundo infortunio: la misma rueda vuelta a pinchar. Dos gomas pinchadas esta vez parecíamos sonados ya que encima el diagnóstico fue que la rueda era inservible. Hilarión, que no es un improvisado, se arremangó y le puso parche a la rueda, gracias a ello pudimos seguir, previo al almuerzo que hicimos aprovechando la parada obligada. Sin embargo ya estábamos advertidos una rueda más que tuviera problemas equivaldría a estar lisa y llanamente en el horno con papas.
El paisaje del altiplano pese a su supuesta monotonía es constantemente cambiante ante la mirada aguda. A lo largo de este se pueden observar distintos colores, manadas de llamas, rebaños de ovejas, cabras, burros, algunos suris que corren rápidamente a mimetizarse entre las rocas y la pobre vegetación de altura, huidizas vicuñas, pequeños ríos, mucho sol y también amenazantes nubes ennegrecidas que avisan la pronta presencia de las tormentas de verano con sus temibles rayos que pueden visualizarse desde kilómetros de distancia. Fue así que con la tormenta en ciernes es que pinchamos la tercer rueda en el día...noticia más que fatal ya que no contábamos con auxilio. Todavía no habíamos llegado a San Pablo de Lípez y mucho menos a San Antonio de Lípez, lugar donde descansaríamos y se harían los arreglos pertinentes. Todo parecía encaminarse a que tuvierámos que esperar largamente a que otro contingente nos alcanzara pero por suerte esta espera no duró más de 20 minutos. La solidaridad entre los choferes de distintas empresas es una regla que se mantendría todo el viaje ya que quedarse en el medio de la nada no es algo lindo para nadie.
Hilarión una y otra vez nos explicaba todos y cada uno de los lugares por donde pasábamos, el clima nos cuenta aquí es muy riguroso, frío inclusive en pleno verano. Tanto es así que al poco tiempo pasamos por un cementerio de animales que fueron producto de una gran nevada en el invierno del año 2003 que mató de hambre y frío a centenares de burros, llamas y ovejas.

Roslie en el cementerio de animales, atrás la tormenta que "se nos venía".

Cementerio de animales.

Desde este lugar y hasta San Antonio de Lípez la amenazante tormenta dejó de ser una amenaza para convertirse en una realidad, algunas veces con mayor intensidad otras con menor intensidad.
A las 17.30 llegamos al pueblo de San Antonio de Lípez, un pueblo situdado al Sudoeste del Dto. de Potosí a 4200 metros sobre el nivel del mar. Allí nos alojamos en un albergue básico bien equipado como para soportar la fría noche del altiplano. Paseamos un rato por el pueblo sacando fotos pese al mal tiempo, charlando con algunos chicos del lugar.

Roslie y el agreste paisaje de San Antonio de Lípez.

Los efectos de la altura no se hicieron notar para nada. Entretanto Axel al ver una canchita de fútbol "se emocionó" y pidió una pelota. Su prueba era convencerse de que la pelota no doblaba en altura. Efectivamente tomó carrera, le dió con toda la comba posible y la pelota salía disparada con mucha fuerza y derecho como una bala: conclusión "la pelota no dobla".

Axel en acción... "la pelota no dobla".

Por la noche cenamos una rica sopa preparada por Marcela y compramos unos gorros de lana de llama. Charlamos largamente con los chicos en un Inglés más que vergonzante por nuestra parte y en un castellano más que desastroso por parte de ellos.
La lluvia, que se hizo más intensa durante la noche, hacía peligrar posibles destinos del día siguiente eso fue lo último que nos dijo Hilarión antes de despedirnos. Sin embargo, eso solo sería posible dilucidarlo en el camino y para ello nos levantaríamos temprano a las 5 de la mañana al día siguiente.
La Historia continúa en el día 2.

6 de marzo de 2008

PISANDO SUELO HISTORICO: SUIPACHA.

Monumento

Iglesia

Obelisco

Placas

Busto del Gral. Martín Miguel de Güemes

Busto del Cnel. Pedro Arraya

Después de la cabalgata que hicimos por una parte de los alrededores de Tupiza nos dirigimos nuevamente hacia la ciudad para almorzar. El plan que teníamos inicialmente era luego ir a Suipacha, pero debimos esperar un rato porque llovió en forma torrencial. Por suerte esta lluvia torrencial duró apenas 30 minutos y, luego de ello, el día se transformó en una tarde maravillosa con un cielo que apenas mostraba algunas nubes.
Desgraciadamente los micros los habíamos perdido y no había otra posibilidad fuera de ella salvo que cubrierámos el trayecto en taxi. El desconcierto de Axel fue tal que estuvo a punto de largar todo el plan al demonio y quedarse en Tupiza, sin embargo, dada la insistencia de Roslie es que fuimos preguntando hasta que dimos con un taxista que aceptó gustoso llevarnos ida y vuelta y con espera por 80 Bolivianos, algo así como 32 Pesos Argentinos. Rápido de cuentas, Axel calculó que 80 Bolivianos en 50 Km. (25 de ida y 25 de vuelta y con espera) serían algo así como 1,60 Bolivianos por Km. por lo que le resultó un precio razonable. Nos subimos.
Al principio el chofer del taxi no hablaba mucho pero poco a poco se fue prendiendo en la conversación y contestaba a nuestras preguntas. Mientras tanto descubríamos a nuestro paso una parte más del majestuoso paisaje Tupiceño: el valle encantado.
A 10 km. de Tupiza nos adentramos en un tunel maravilloso, esta zona es conocida como el Angosto y debe su nombre a que allí el Río Tupiza se encajona entre las montañas. De un lado está el tunel de la ruta que es de ripio y que no presentaba mayores problemas pese a que había llovido, del otro se puede ver la hermosa obra de ingeniería del ferrocarril que luego de un largo tunel cruza el río en un extenso puente. Dos Km. más adelante se encuentra la confluencia de los Ríos Tupiza y San Juan. A esta zona se la conoce como Entre Ríos. Después de allí el paisaje tiende a ser un poco monótono con algunas casas cada tanto, algún pueblo, animales sueltos, principalmente ovejas, cabras y llamas, alguna que otra persona caminando en el medio de la ruta y pidiendo que lo lleven.
Antes de llegar al pueblo de Suipacha propiamente dicho está el Valle de Suipacha, un hermoso y fértil valle en el que contrastan rojizas montañas. Entre bambalinas uno puede imaginar que por ese valle nuestro primer Ejercito del Norte al mando de Castelli, Balcarce y Díaz Velez junto al valeroso pueblo Tupiceño, se batían heroícamente contra las muy profesionales fuerzas Realistas superiores en número y en poderío de fuego. Se trataba de la primer batalla Patria, eso fue el 7 de Noviembre de 1810. La Patria recién nacía y el grito de libertad empezaba a resonar en toda América.
Llegar a Suipacha importaba revivir esa historia, talvez no se trata de un destino típicamente turístico, aunque bien nos decía el taxista que nos llevó que cada 7 de noviembre esta zona se llena de Argentinos, pero en sí haber visitado Suipacha era más que nada por su contenido histórico.
En Suipacha no hay mucho en sí, se trata de un pueblo que alberga a unas 67 familias aproximadamente, con una iglesia abandonada, una escuela, una sala de primeros auxilios y un museo que aún está construyéndose. En uno de los bordes de la plaza principal se encuentran los bustos de Arraya y de Güemes, heroes de la independencia ambos. También lucen varias placas alusivas a la batalla de ambos países y dos mástiles para que en el cielo Suipacheño flameen las banderas de Bolivia y de Argentina en honor a esta gesta histórica.
Hemos pisado historia y ese fue nuestro objetivo al ir a Suipacha. Contentos nos volvimos a Tupiza para emprender ya al día siguiente una travesía de casi 4 días en el altiplano Boliviano, pero esta ya es otra historia.

ALEGORIA A SUIPACHA

De: Jesús Mamerto Alfaro A.

Campanas de gloria y esperanza

Resuenan en los confines de la patria,

Es América que grita ante el mundo entero

Que aquí en Suipacha se inició la libertad.

Nuestros campos se regaron con la sangre

De valientes Chicheños y Argentinos

Libertad fué el grito sacrosanto

Que cubrió la gloria al vencedor.

Oh Chicheño hombre altivo y soberano

De cuantos hay en este suelo Suipacheño

Tienes un alma pura y generosa

como de noble madre y tierno niño.

Eres orgullo de los Chichas y de América

Oh Suipacha crisol de libertad

Eres soberbio y altivo en tu ausencia

Eres fuerte y grande vencedor.

Hoy tus hijos recogemos tu ejemplo

De heroísmo valor y lealtad

Recordamos con orgullo tu pasado

Y juramos defenderte hasta morir.

Balcarse, Arraya, Medinaceli y Moto Mendez

Corazones forjados en el yunque

Hoy los pueblos rinden homenaje

Y os dicen reverentes

"América a los vencedores en Suipacha".

3 de marzo de 2008

LOS ALREDEDORES DE TUPIZA.

Un hermoso recuerdo junto a las cascadas del Cañón del Inca

Axel, Roslie y Jennifer (Canadá) en sus caballos

La Puerta del Diablo

Roslie en plena cabalgata

Valle de Machos

Quebrada de Palmira

Roslie en el Cañón del Inca

Cañón del Inca

Axel en el Cañón del Inca

Roslie en el Cañón del Inca

Roslie y Axel en el Cañón de Inca

los caballos descansan

Roslie en el caballo


Si Tupiza le dicen la Joya bella de Bolivia tiene un porque. Sus alrededores magnifican aún más el bello paisaje urbano de dicha ciudad. Sabiendo de ello decidimos con Roslie hacer una cabalgata liviana de tres horas.
Salimos temprano del hotel con Rubén quien iba a oficiar de guía. Desde el hotel nos fuimos hacia las caballerizas en donde se encontraban los mansos caballos que nos llevarían a la Quebrada de Palmira, el Valle de Machos, la Puerta del Diablo y por último al Cañón del Inca, lugar en donde finalizaba la cabalgata. Todo ello se encuentra al sur de Tupiza.
Junto con nosotros estaba Jennifer una turista Canadiense quien viajaba sola por América Latina. Al principio no hablaba demasiado pero de a poco se fue "soltando" y conversando animadamente con nosotros y con Rubén.
Al subirnos Axel protagonizó el show aparte para las risas de todos dada su falta de agilidad. Roslie entretanto tenía un poco de miedo, sin embargo, ese miedo inicial se fue disipando rápidamente.
Bordeamos las vías del Ferrocarril y como a los 700 metros de la salida tomamos un camino de tierra a mano derecha. Ese camino era el que nos introducía a la maravillosa Quebrada de Palmira.
El paisaje Tupiceño con sus coloridas montañas y sus verdes sembradíos nos acompañan en una primera instancia, instancia que luego cambiaría por coloridas montañas y vegetación xerófila. En el camino desgraciadamente hay también un basural a cielo abierto que esperemos las autoridades de Tupiza hagan algo por él ya que afea el hermoso paisaje.
El Valle de Machos se nos presenta entre las hermosas y coloridas montañas. Estas formaciones rocosas, moldeadas por acción del agua y el viento, son objeto de curiosidad de los visitantes dada sus formas fálicas que recuerdan al sexo del hombre. Sin vueltas su formación rocosa más representativa se llama la poronga.
Ya entrados en la Quebrada nos encontramos con la Puerta del Diablo, curiosa formación rocosa que se asemeja a una puerta propiamente dicha. El entorno del paisaje le otorga a esta puerta su nombre. Allí Rubén nos cuenta que hasta hace unos 15 años atrás dicha formación se encontraba entera en su parte de arriba pero que la acción de la naturaleza hizo que este se viniera abajo, quedando esta especie de puerta separada por un gran agujero.
El plato fuerte de la cabalgata estaba por venir y llegó en su tramo final al llegar al Cañón del Inca, a 8 km. de la ciudad. Allí desensillamos y seguimos caminando por dentro del cañón hasta dar con una vertiente de montaña que caía de las rocas formando una pequeña cascada. La maravillosa naturaleza nos regalaba uno de los paisajes hasta ahí más lindos que vimos en Bolivia.

Sin lugar a dudas Tupiza tiene muy bien puesto su nombre de Joya bella de Bolivia.

27 de febrero de 2008

TUPIZA: LA JOYA BELLA DE BOLIVIA.






Video de Tupiza





El mundo se ha reservao

Un campito muy sagrao

Los genios de la tierra

lo han modelao...

Con cerros colorados

A cada costao

Y la brisa se ha asoceao

Con su alegre sonrisa...

y el silbo del wichico...

A colaborao

A llamarle TUPIZA Pueblito encantao


Alfredo Domínguez


Tupiza es un lugar en el que merece uno detenerse aunque sea un día, recorrer sus calles, sus alrededores y sus coloridos cerros.
En sus alrededores se destacan la Quebrada de Palmira, la Puerta del Diablo, el Cañón del Inca, la Quebrada de Palala, Valle de Machos, los parajes del Angosto, Entre Ríos y El Sillar. Se tratan de parajes que no distan más de 12 o 15 Km. del pueblo.
Tupiza es un pueblito apacible enclavado a 98 Km. de Villazón y a 2900 metros sobre el nivel del mar y que cuenta con algo más de 24.000 habitantes. Se trata de la cabecera de la Provincia de Sud Chichas.
Llegamos allí provenientes de Villazón en tren a las 18.25. Rápidamente tomamos la calle de salida de la estación y nos fuimos al Hotel Mitru, sito en la Av. Regimiento Chichas 187. Se trata de un hotel verdaderamente confortable, con pileta incluida, de muy buen nivel. Allí habíamos reservado previamente por e mail con la dueña del mismo, Beatriz. La verdad es que dada la seriedad y la excelente atención es que debemos decir que es ampliamente recomendable.
Los precios en Bolivia son realmente económicos, y si bien el hotel tenía un precio alto para la media de los hoteles en Bolivia, en comparación con hoteles del Noroeste Argentino todavía es muy económico.
El poco tiempo que tuvimos de luz apenas llegamos lo aprovechamos como para pasear por sus calles. El sol se ponía entre las montañas y enrojecía aún más los cerros que la rodean y protegen a este pueblo maravilloso del sur de Bolivia. Por la noche subimos al mirador del pueblo coronado por una escultura de Cristo y luego cenamos pizza.
Tupiza deviene del vocablo Tucpicsa o Topejsa que utilizaban los Chichas, sus habitantes orginarios, y que el Español lo han castellanizado a su nombre actual dado a que para estos le era imposible la pronunciación del mismo. La fundación de la misma data del año 1574 por parte de Don Luis Fuentes y Vargas. Recién en 1895 es declarada ciudad merced al desarrollo que había conseguido gracias a la actividad minera.
Durante la batalla de Suipacha que se libró el 7/11/1810, con tropas al mando de Juan José Castelli y que significó el primer truinfo de las fuerzas patrias de lo que luego sería nuestro país, los Tupìceños tuvieron una importante participación en la contienda. Tal es así que el Gobierno naciente, la Primera Junta, envió una bandera con la inscripción "La Patria a los vencedores de Tupiza" y dejó utilizar a los lugareños un brazalete esta leyenda. Esta bandera fue objeto de curiosidad por nuestra parte de poder verla pero lamentablemente nos fue imposible. Los datos recabados previamente sumado a los pocos datos que conseguimos tener allí nos impidieron dar con ella.
Una curiosidad más es que por Tupiza vagaron dos famosos bandidos Norteaméricanos que también estuvieron por territorios de la Patagonia Argentina y por Chile: Butch Cassidy y Sundance Kid. Este lugar fue su morada final ya luego de un millonario asalto a una empresa cuyo dinero era de los trabajadores fueron muertos por fuerzas policiales.
Sus alrededores no tienen desperdicio y la forma más linda de recorrerlos es en cabalgata. Así fue como recorrimos parte de ellos y en la próxima contaremos un poco de ello.

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