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15 de mayo de 2009

HACIA EL CONO DE ARITA.

Luego de Mina la Casualidad partimos con rumbo al Cono de Arita. Teníamos dos variantes como para acceder al mismo: Una consistía en ir por la Ruta 27 hasta el cruce en el Salar de Arizaro con el camino que te lleva al Cono de Arita y más allá a Antofalla (Catamarca), lo cual implicaba volver casi hasta Tolar Grande; la otra variante era ir por la Ruta 27 bordeando el Salar de Río Grande hasta un desvío por una huella hacia el este. Elegimos este último.


En el paisaje de ida el Salar de Río Grande nos ha brindado hermosas postales con el fondo de las montañas cargadas de azufre. Este mismo paisaje, pero visto con otra perspectiva fue el que deboramos con nuestros ojos. Las montañas llenas de infinitos colores perdurarán sin dudas en nuestras retinas por siempre.
A los 30 minutos de marcha nos encontramos con un camino que se abre de la ruta principal. Este camino presentaba distintos estados a lo largo de su recorrido, con trechos realmente buenos y otros que mejor olvidarse porque parecía que allí no existía como tal.
Algunos días después viendo algunos mapas pudimos identificar el trecho en un mapa del Sitio de Viajeros quienes poseen una excelente cartografía en base a un trabajo de relevamiento digno de mencionar.

En efecto Uds. podrán ver que volviendo de Mina La Casualidad hacia Caipe sale hacia la derecha una carretera señalizada con una R (Ripio) que conecta la 27 con Mina Arita. Este fue el camino tomado.
La primera parte del camino fue aceptable, pero al poco tiempo el mismo se tornó muy áspero y transitable a casi paso de hombre, con muchos escollos. Quedarse allí equivalía a ponerse en graves problemas, el paisaje era nada por aquí, nada por allá, solo nosotros y la inmensidad.

Habiendo pasado la parte más problemática llegamos a un paraje en donde habían vestigios de la existencia de una laguna, la cual se encontraba reseca. Allí decidimos comer algo, descansar y disfrutar del entorno. El cielo estaba amenazador, incluso se pensaba que sobre el Archibarca se estaba desatando alguna granizada o nieve, y pensábamos que podía venirse la tormenta hacia nosotros, de hecho a lo lejos, quien sabe ya en territorio Catamarqueño, se podía escuchar los truenos e incluso hemos visto algún rayo caer.
Pero la Puna tiene esas cosas raras que incluyen tormentas que duran un abrir y cerrar de ojos, vientos helados, sol absolutamente brillante, cielos absolutamente despejados y a los pocos minutos cielos grises y cargados de nubes, truenos que son aterradores y rayos que parecen que van a fulminarte. Todo esto que finalmente se dió así terminaría nuevamente en una maravillosa mediatarde que nos esperaba al llegar a Mina Arita.
Al llegar al establecimiento minero un joven trabajador de la Mina (que explota sulfato de sodio y litio) estaba lavando la camioneta y se detuvo a charlar con nosotros y brindarnos las instalaciones. Ambos nos encontrábamos maravillados con el paisaje y Axel atinó a decir vaya que es hermoso este paisaje, a lo cual nos dijo "si claro es hermoso pero yo te puedo decir que ese cono ya me tiene cansado che! me levanto a la mañana y lo veo ahí, me acuesto a la noche y lo veo ahí...es que no hay otra cosa para ver...". Nada más cierto en el marco de este maravilloso paisaje y de la más absoluta soledad es lo único que hay para ver.

Acto seguido nos fuimos por la ruta que es un camino minero en relativo buen estado hasta pararnos en línea recta al Cono de Arita. Llegar no fue nada sencillo ya que era desandar camino a pie por dos kilómetros y medio en el irregular y peligrosa superficie del Salar de Arizaro. Un paso mal dado en esa superficie irregular de cristales de sal filosos y llena de pozos podían provocarte un corte o una torcedura o un esguince. Los cristales de sal crujían ante nuestro lento pasar y a veces cedían ante nuestras pisadas. Una de las experiencias más hermosas fue la de quedarse en silencio absoluto y completamente inmóviles para poder escuchar la termodilatación de la sal en el suelo.



De lejos el Cono parece pequeño, tan solo un simple y caprichoso triángulo perfecto en el medio del salar. Sin embargo, cuando uno llega se topa con una gran mole de cenizas volcánicas - de allí que su superficie es blanda y por ello está prohíbido ascender - de 147 metros de altitud. A lo lejos podía divisarse la camioneta como un pequeño punto en el horizonte blanco, a la cual Axel recurre a un chiste fácil y poco gracioso de decir "che que es ese auto que se está moviendo allá a lo lejos".
Eramos los únicos en tan mágnifico paisaje, contemplar hacia uno y otro lado del paisaje fue una de las experiencias más lindas de estas vacaciones sin dudas. Allí estábamos tres simples mortales - Lorenzo, Roslie y yo - contemplando, disfrutando y enmaravillándonos con semejante soledad, con las vastedad de los paisajes, sus montañas, la sal, el sol, las nubes, el viento, el silencio y toda la fuerza arrolladora de la naturaleza.
Lorenzo y yo subimos unos metros - hasta lo permitido - para dejar una ofrenda en una apacheta a la Madre Tierra, la Pachamama, y agradecer por el viaje. Mientras Lorenzo descansaba y vaya saber en que andaba meditando, Yo - Axel - no paré un minuto de tomar fotos, de jugar con las imágenes del paisaje recostándome en la superficie del Cono y tomando una foto del horizonte en la perfecta diagonal que me proponía el mísmisimo cono. Mientras tanto Roslie seguía un poco más abajo meditando vaya saber que, aunque conociéndola creo tener la certeza que más que pensar seguramente estaría llenando de emociones todos esos paisajes.

8 de mayo de 2009

EN EL CAMINO A MINA LA CASUALIDAD.


En el camino a Mina La Casualidad nos hemos encontrado con un paisaje que no alcanzan las palabras para describirlo.
Salimos de Caipe por el tramo de la Ruta 27 que se encuentra asfaltado. En un principio nos acompaña parte del Salar de Arizaro del cual allí obtuvimos una de las mejores vistas.
La Ruta 27 allí se encuentra asfaltada. Se trata de un camino angosto con una cinta asfáltica que pese a las inclemencias del tiempo y la falta de mantenimiento permite a que la camioneta transite a unos 60 Km/h promedio. Es cierto que la ruta no se encuentra en las mejores condiciones y que hay zonas de derrumbes, zonas con algunos pozos, zonas en donde la escasa vegetación ha ganado un pequeño lugar entre las rajaduras del asfalto, pero también es cierto que se puede andar medianamente bien.
Seguimos por la ruta, ya abandonando el Salar de Arizaro y esa vista imponente que desde allí se tiene, para seguir en la inmensidad de esas coloridas montañas donde se mezclaban el color de la tierra gris plagada de pozos de topos, con rojos, ocres y algunos pastos amarillentos o de un verde pálido. En la ruta también podían apreciarse algunas vicuñas que salían disparadas ante nuestra invasora presencia, pero sin lugar a dudas la presencia más llamativa fue la de un zorro que paseaba tranquilamente por la ruta hasta que habiéndose percatado de nuestra presencia emprendió una rápida huida. El pobre siempre tan perseguido por la raza humana en su ambición por su maravillosa piel se sintió en peligro, del cual solo ha sentido tranquilidad cuando estaba allí arriba en la montaña. Allí esperó a que nosotros sacáramos nuestra arma: la cámara fotográfica que lo retrataría como un centinela en la inmensidad de la puna.


Seguimos camino y bajo un cielo cada vez más azul podíamos disfrutar de los cientos de colores que nos ofrecían las montañas y esa absoluta soledad conmovedora de la Puna. Seguían sucediéndose más y más paisajes, más y más vicuñas que pastaban al costado del camino, el paisaje cambiaba a cada segundo y no podíamos dejar de mantener la tensión y la atención al mismo porque cada imagen, cada segundo que lográbamos captar con nuestra vista eran para vivenciar con todos los sentidos.


Ya en la zona más alta de la ruta y antes de bajar a los 3900 metros sobre el nivel del mar en la que se encuentra el campamento minero de La Casualidad nos encontramos ante la imponente vista del Salar de Río Grande. Allí ante la maravillosas montañas de azufre nos tomamos unas fotos juntos y también junto a nuestro gran amigo el guía Lorenzo Pilar Martínez, habitante de Tolar Grande.


El Salar de Río Grande se explota sulfato de sodio. A lo lejos se pueden ver las amarillentas crestas de Mina Julia, lugar de donde se extraía el azufre que se procesaba en el campamento de La Casualidad y que desde allí se transportaba a Caipe en camiones y desde Caipe en tren a Salta y a Buenos Aires. Sin dudas otros tiempos.
El Salar de Río Grande nos indica también la proximidad a Mina La Casualidad. Ella allí nos esperaría triste y solitaria.
Hacía allí fuimos...