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15 de abril de 2012

CAMINO A SAN ANTONIO DE LOS COBRES.

Miércoles 25 de Enero, es hora de partir del corazón de la Puna para acercarnos ya al final de nuestro viaje. Sentimos una gran pena dejar a Tolar Grande, pero era hora de partir.


Como ya es una costumbre, nos levantamos temprano. Las luces de Tolar Grande permanecían aún encendidas y el ya comenzaba a clarear. 
A las 7.30 horas nos fuimos a casa de Lorenzo para llenar el termo con agua para el mate del camino y desayunar. Nos aguardaban poco más de tres horas y media de viaje hasta San Antonio de los Cobres.
Desayunamos, nos despedimos de Teófila, le fuimos a llevar las llaves del Refugio a Inés y sin más emprendimos camino a San Antonio de los Cobres tomando primero la Ruta Provincial 27 y luego la Ruta Provincial 129 para pasar por Santa Rosa de los Pastos Grandes.
Sentíamos que ya nada de lo que vivimos en estos días iba a ser igual, sólo nos quedaba la esperanza de llegar a San Antonio de los Cobres y hacer el Abra de Acay. Mientras tanto disfrutamos del camino y del hermoso día que se presentaba ante nosotros.





Alcanzamos a las 9 de la mañana el Desierto del Diablo, lugar que sin dudas nos cautiva pero que en virtud del juego de luces que hace con la refracción del sol preferimos cuando el sol se encuentra más alto ya que allí se puede apreciar mejor sus colores. 
Continuamos nuestro camino y pasamos por Los Colorados, ese hermoso laberinto que parece no tener fin. Allí nuestra marcha es algo más lenta debido a la gran cantidad de curvas y contra curvas que presenta la ruta mientras transitamos por el mismísimo corazón de la montaña.





Ya saliendo del camino de Los Colorados nos encontramos con la gran recta del Campo de la Paciencia. A lo largo del camino nos encontramos con muchas camionetas, algunas provenientes de mineras, otras de turistas. Lo que sin dudas nunca esperábamos era una "congestión de transito" en la Ruta Provincial 27 a la altura del paso del Ferrocarril cerca de Salar de Pocitos.


Siendo las 10 llegamos a Salar de Pocitos, en el camino se podía advertir que nos esperaba más adelante un cielo cargado de nubes.


Al llegar a Salar de Pocitos, debemos tomar por un corto tramo la Ruta Provincial 17 hasta el empalme con la Ruta Provincial 129 que nos lleva por Santa Rosa de los Pastos Grandes. Quería que Roslie conociera esta versión del camino que yo si tuve la oportunidad de conocerla con Chugo, Deborah y Juan en el 2009.



Al tomar la Ruta Provincial 129 primero debemos pasar por el pie de la Cuesta de Quirón y luego por el Puesto Quirón. A Roslie ya empieza a gustarle los paisajes y comparándola con la variante de la Ruta Nacional 51 que si bien no deja de ser atractiva, esta presenta mayor belleza en su paisaje.





Roslie no deja de sorprenderse con la belleza, sin embargo yo prefería el paisaje que había visto en el año 2009 ya que se encontraba muy nuboso para mi gusto.
Nuestro camino continúa hasta las cercanía al Salar de Pastos Grandes, lugar que nos indica que ya nos encontramos cerca del pueblo.




Una sorprendente formación montañosa nos deslumbra con su juego de luces que hace con las nubes. Continuamos y apreciamos que llegando a Santa Rosa de los Pastos Grandes el cielo comienza a abrirse un poco, lo cual nos da esperanzas de lo que tendríamos por delante.




Cerca de las 11 horas, llegamos a Santa Rosa de los Pastos Grandes. Milagrosamente empiezan a caer mensajes de texto y había señal de celular. Roslie no salía de asombro frente a su belleza y yo tampoco por ver tanto verdor en el paisaje.



Nuestro camino continúa y esa ilusión de un día despejado comienza a desvanecerse a medida que nos adentramos al pie de la Cuesta de Gallo donde podíamos advertir que nos esperaba cielo absolutamente nublado a tormentoso.


Mientras subíamos hasta el Abra de Gallo a 4630 metros sobre el nivel del mar, más se desvanecían nuestras esperanzas de llegar a San Antonio de los Cobres con buen tiempo. Las nubes apenas las teníamos sobre nuestras propias cabezas y una tenúe llovizna se abatía en la zona.








Pensamos por un momento que íbamos a pasar la Cuesta de Gallo con nubes y que luego de encarar su bajada las nubes quedarían allí arriba, pero no...las nubes bajarían con nosotros y nos acompañarían durante toda la jornada hasta San Antonio de los Cobres, lugar en el que se abatía una tormenta importante.
Así fue que llegamos a San Antonio de los Cobres y nos alojamos en el Restaurante Huayra Huasi huyendo momentáneamente de la tormenta.

27 de mayo de 2009

DE TOLAR GRANDE A SALAR DE POCITOS.

Nuevamente nos volveríamos a Salta, pero previo a ello la Puna Salteña nos depararía otra grata sorpresa más.
Habíamos contado que había amanecido muy nublado y que durante la última noche en Tolar Grande había llovido. Esta lluvia se transformó en nevada en los altos de las montañas. Así fue como Tolar Grande nos ofrecía su última postal.

Con este paisaje nos despedimos y emprendimos camino por la Ruta Provincial 27. Tristes, con muchas ganas de quedarnos, saboreando los paisajes, deleitándonos con sus gamas de colores, pensando en vaya saber cuando volveremos a verlos...sin dudas el comentario fue a lo largo del viaje un "tenemos que volver....vamos a volver y escalaremos el Llullaillaco... o el Macón". Lo cierto es que esa sensación que compartimos a lo largo del viaje de vuelta junto a José fue una sensación de habernos quedado enteramente satisfechos por lo conocido, pero con ganas de conocer mucho más aún y así se lo hicimos saber.
Pese a esta sensación triste, contradictoriamente nos encontrábamos muy pero muy felices y aún nos faltaba por ver muchas cosas muy lindas.




Así fue como primero pasamos por el Abra de Navarro y pudimos ver el Macón nevado, luego pasamos por el Desierto del Diablo y las Siete Curvas en donde nos tomamos varias fotos, entre ellas las tres primeras con la postal de La Catedral de fondo y el Desierto del Diablo, más atrás y bien visible se puede apreciar las montañas nevadas. A esta altura José se mostraba tan sorprendido como nosotros de semejante nevada en pleno enero.
El camino luego se tornó un poco monótono en el Llano de la Paciencia razón por la cual aprovechamos para intercambiar opiniones e impresiones sobre el viaje con José.
A nuestra llegada a Salar de Pocitos el día se presentaba soleado y las montañas que tenemos por delante muy nevadas. En efecto, allí se levantaba el Quewar totalmente cubierto por nieve, ese mismo gigante que tres días atrás habíamos visto en un paisaje muy pero muy distinto.
Y así es como es la Puna, te sorprende, te atrapa, te enamora, de sus paisajes, de su soledad, de sus contrastes, de sus colores, de la fuerza de su naturaleza, arrolladora, salvaje, cruda y muy dura pero esencialmente maravillosa.


Pero si con esto creen que es todo...entonces esperen a ver la próxima entrada y verán que la Puna tiene cosas que seguramente no verán nunca en otros lugares...

17 de abril de 2009

DESDE CAUCHARI HASTA SALAR DE POCITOS.

Dejamos atrás el pueblito de Caucharí y tomamos la Ruta Provincial 27 en dirección a Salar de Pocitos, lugar donde nos detendríamos nuevamente. Atrás quedaba la Ruta Nacional 51 y también la tormenta. El camino del tramo de esta ruta se presentaba bastante aceptable, con algo de serrucho y piedras sueltas pero nada que pudiera significar una complicación.


El paisaje discurría en su monotonía, razón que en este tramo impulsó más que nada a que tuviéramos un buen diálogo con José y con Jorge quien intervenía esporádicamente en la conversación confirmando algunos datos como por ejemplo la cantidad de habitantes que tiene Caucharí, la cual apenas superan el centenar de almas. "Alguna vez Caucharí fue más importante, llegó a tener mucha más gente por el tema de la explotación minera" nos comentaba Jorge quien recordaba los tiempos en que el Ferrocarril Belgrano funcionaba. Hoy esas vías penan entre el abandono y el olvido. y allí están solitarias soportando las inclemencias del tiempo esperando a que alguien las vuelva a reactivar algún día.


Seguimos viaje y entre tanta charla llegamos a la Estación Laguna Seca, lugar en donde José bromeaba sobre la existencia de un fantasma en la intacta estación.
Unos veinte kilómetros más adelante de Estación Laguna Seca se encuentra el pueblo de Salar de Pocitos.


Salar de Pocitos es un pueblo en donde convergen las rutas Provinciales 17, 27 y 129. La 17 proviene desde la frontera con Catamarca, se trata ni más ni menos que de la continuación de la Ruta Provincial 43 de Catamarca la cual lleva a Antofagasta de la Sierra, la 129 es la que proviene de San Antonio de los Cobres vía Santa Rosa de los Pastos Grandes y Abra de Gallo y la 27 es la que venimos nosotros y la que seguimos para acceder a Tolar Grande y que va desde Caucharí hasta Mina La Casualidad. Por esta última Ruta también se puede llegar al Paso Socompa tomando en Caipe el desvío de la Ruta Provincial 163 la cual comunica Taca Taca con Socompa, pasando por Caipe en donde se cruza con la 27.


Allí cuando llegamos a Salar de Pocitos paramos para ir a lo de Doña María, quien brinda alojamiento al puñado de visitantes aventureros que llegan a estos lares, para dejarle el encargue que le hizo a José el cual consistía en una bolsa de hojas de coca.
Amablemente María nos invitó a pasar a su casa en la cual estuvimos tan solo un instante. Luego salimos afuera a tomar algunas fotos del pueblo cuyo silencio era perturbado por un grupo de chicos que jugaban y que andaban en bicicleta de una punta a la otra del mismo haciéndose ver para que les saludemos y les tomáramos alguna foto.


Todo el pueblo se resume en unos pocos metros en donde confluyen los caminos, las vías del tren con su estación abandonada, las casas, una iglesia, la escuela, una cancha de basquet, dos de fútbol y un poco más lejos una empresa minera que extrae mineral en el Salar de Pocitos.


El pueblo tiene como uno de los telones de fondo las siluetas de las montañas que aunque enormes y cercanas que parezcan no lo están tanto. La más importante de todas y que vigila a estas almas como si ella fuera su custodia es el Nevado del Quewar, montaña que por otra parte es sitio sagrado o santuario de altura.


Axel al ver la canchita de fútbol no dejó pasar la oportunidad para hacerse el que estaba atajando, como en otros tiempos, primero haciendo que formaba una barrera mostrando su mano como indicando cinco y luego como si estuviera yendo en búsqueda de una pelota que solo en su imaginación para la foto existía.


Luego de este gracioso set fotográfico nos fuimos caminando por la ruta en dirección a la salida/entrada (según desde donde uno lo mire) del pueblo para buscar uno de los carteles más famosos de esta ruta que es el que indica las distancias entre Salar de Pocitos y Tolar Grande (86 Km.), entre Salar de Pocitos y Caipe (148 Km.) y entre Salar de Pocitos y Mina La Casualidad (215 Km.). Coronado con una cornamenta de un cordero el cartel y el paisaje advierten de sus peligros, pero también de su belleza incomparable.

José quien sale junto a Jorge y su hijo de lo de Doña María advierte que estamos en el cartel distante unos 300-400 metros aproximadamente. Las cosas que habrá dicho José de estos dos incorregibles turistas en ese momento la verdad no lo sabemos.
La verdad nos arrepentimos de no haber podido saludarla y despedirnos, no va a faltar ocasíón seguramente.
Nosotros quisimos en ese momento disfrutar del maravilloso entorno y de su tierra por que como a decir de Don Atahualpa Yupanqui "Para el que mira sin ver la tierra es tierra, no más" y nosotros estábamos "mirando y viendo" y disfrutando con todos los sentidos de ese sobrecogedor paisaje.