29 de marzo de 2010

Un largo camino a Ushuaia.

Dos horas y cuarto de espera fueron las que tuvimos en la Terminal de Ómnibus de El Calafate a la espera del micro que nos llevaría a Río Gallegos por la empresa Marga. 
Afortunadamente no estábamos solos allí. Había un crisol de personas de diversas partes del mundo y que iban a los destinos más diversos. Se escuchaba hablar en Italiano, Castellano, Hebreo, Inglés, Alemán, Holandés. Gente que iba a Río Gallegos solamente, otros que seguían a Río Grande, otros como nosotros a Ushuaia y otros que no iban con nuestro micro que iban a Punta Arenas o a Puerto Natales (ambas ciudades de Chile).
Así fue como se fueron pasando los minutos hasta que con 15 minutos de anticipación llegó el micro y, lentamente, nos fuimos al mismo para subirnos y poder resguardarnos mejor de la fría noche.
Subimos y nos tocaban los asientos 1 y 2, razón por la cual viajaríamos cómodos. Detrás nuestro subió una pareja joven que iba solo a Río Gallegos.
Lo cierto que a los veinte minutos de viaje el muchacho que iba detrás nuestro comenzó a roncar de una manera que no nos dejaba dormir de ninguna manera. Realmente no podíamos concebir que una persona tan joven, no más de veinticinco - treinta años, roncara tan fuerte y se le produjeran tantas apneas juntas. Realmente para el pobre muchacho es algo que debería tratarlo, para nosotros fue una simple tortura.
Así fue como transcurrió la tortura de nuestro viaje hasta Río Gallegos. 
Al llegar a Río Gallegos eran las 7 de la mañana. Teníamos que esperar el otro micro de buses Marga a las 8 de la mañana. 
Así fue que entre una y otra cosa llegaron dos micros juntos que iban a Ushuaia. El primero, que parecía más confortable, salía a las 8:30, mientras que el nuestro, mucho más pequeño salía a las 8 horas.
Subimos y nos acomodamos en nuestros asientos asignados que eran el 9 y 10. 
La tortura de la noche que pasamos hizo que poco fuera lo que pudiéramos disfrutar del paisaje. Tanto es así que apenas nos despertamos unos kilómetros antes de llegar al Paso Integración Austral en Monte Dinero.
Hicimos los trámites y subimos rápidamente al micro para seguir descansando.
A las 11:20 horas llegamos al borde del Estrecho de Magallanes a la altura del Paso Primera Angostura que nos depositaría en la Isla Grande de Tierra del Fuego luego de media hora de navegación.








Al llegar a la Isla Grande de Tierra del Fuego, lo primero que se ve son algunos resabios de la escalada que casi nos lleva a un conflicto bélico con nuestro hermano país. 


El camino discurre durante los primeros kilómetros en una ruta muy bien asfaltada hasta que el mismo da paso al ripio. El día que en principio prometía estar lindo pronto comenzó a cambiar y las nubes se hicieron presentes y luego de ello una lluvia que pasaba de ser una simple llovizna molesta a una lluvia en la que poco era lo que se podía llegar a apreciar por la ventanilla del micro. Fue así que gran parte del viaje lo utilizamos para descansar.
Así fue que a las 16 horas llegamos al Paso Internacional de San Sebastián. Afortunadamente los trámites fueron muy ágiles y eso nos permitió que a las 16:45 estuviéramos nuevamente en territorio Argentino.


Nos quedaban 303 Kilómetros para llegar a Ushuaia de los cuales el 75 % de ese recorrido transcurrió bajo una intensa lluvia que no nos dejaba ver nada del paisaje exterior, razón por la cual no hemos tomado fotos del mismo.
La lluvia la dejamos atrás recién en el Paso Garibaldi, lugar de una inmensa belleza al que pronto nos vamos a referir.
Al llegar a Ushuaia nos esperaba Chiqui en la terminal. Ella nos alojaría en su casa y gracias a su hospitalidad, los lugares que conocimos y lo bien que la pasamos juntos podemos decir que la experiencia nuestra en Ushuaia fue la mejor experiencia vivida en las vacaciones.
Eran las 21 horas y la tarde se presentaba nublada y con algunas esporádicas lluvias. 
Comimos algo, charlamos un rato con ella y luego salimos a dar una pequeña vuelta.


El Puerto de Ushuaia como siempre alberga grandes y lujosos cruceros que van al Cabo de Hornos o a la Antártida. Paseamos un rato por la Costanera y luego nos volvimos para descansar ya que el día que había pasado fue bastante agotador.
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