2 de marzo de 2012

HACIA DONDE MUERE EL SOL.

Viernes 20 de Enero, día soleado en Antofagasta de la Sierra, hermoso y maravillosamente iluminado. Nos levantamos temprano y desayunamos. Compartimos el desayuno junto a Fer y Morena quienes vendrían en su camioneta junto a nosotros que lo haríamos junto a Crisanto Vázquez.
Pascuala Vázquez se lamentaba una y otra vez de no contar con más tiempo con nosotros y en parte ese lamento era mútuo, pero el viaje continúa y lo íbamos a hacer intentando otra variante de acceso a la Puna Salteña...desde Antofalla, el pueblo donde muere el sol.
Durante el armado del viaje habíamos hablado en varias oportunidades con la gente de Antofalla quien tiene un teléfono satelital con característica telefónica de Buenos Aires y que funciona entre las 20.30 y 23.30 que es el único momento en el que tienen luz eléctrica. Para los interesados en contactar a Antofalla deben llamar en ese lapso horario al 011-5254-8765. Allí me contacté en todas esas ocasiones con Rubén Reales con quien coordinamos un poco nuestra estadía.
El plan inicial indicaba que íbamos a estar dos noches en Antofalla y que Rubén nos haría el transfer a Tolar Grande pero en virtud de la aparición en escena de Fer y Morena, los planes cambiaron sensiblemente ya que iríamos juntos hacia Tolar Grande y nos quedaríamos por un día en Antofalla. Tratamos de llamar a Antofalla para avisar de este último cambio durante la noche anterior a nuestra salida, pero fue técnicamente imposible ya que todo el tiempo nos daba ocupado el único teléfono del pueblo.
A las 9 de la mañana era hora de salir, nos despedimos de Pascuala Vázquez quien nos regaló un buen paquete de rica rica para ponerle al mate y salimos en la flamante camioneta de Crisanto Vázquez. 



Antofagasta de la Sierra es así un verdadero oasis en el medio del agreste paisaje de la Puna que la hace maravillosa, ese verde que contrasta con la piedra volcánica expelida por el Volcán Galán o la renegrida piedra de sus volcanes gemelos el Antofagasta y Alumbrera, o de su río que produce el milagro de la vida en un medio en donde las lluvias alcanzan apenas los 200 milímetros. Un lugar donde los paisajes se suceden una y otra vez sorprendiendo a cada paso a sus visitantes, donde el sol brilla y por eso es la Casa del Sol, con horizontes de montañas que permanecen nevadas aún en verano, con su vientíto fresco que te acaricia en la cara, con sus nubes que se dibujan en el cielo transformando el paisaje a todo momento y con su gente maravillosa que vive allí en ese pequeño y distante rincón de nuestra Argentina. 
Ya va quedando atrás Antofagasta de la Sierra, la Casa del Sol, para ir a Antofalla, el lugar donde muere el sol.


El camino se puede apreciar una extensa vega donde se asienta Antofagasta de la Sierra y el paraje Paycuqui con llamas pastando al costado del camino. Atrás se dibuja la silueta del Cerro Beltrán el cual se encuentra nevado. Nuestro camino continúa y comenzamos a abandonar el verde de la Vega en la que se asienta Antofagasta de la Sierra para pasar a una zona montañosa en donde se puede apreciar la Laguna Colorada que de colorada no tiene nada pero se llama así. Junto a la laguna se pueden apreciar viejas explotaciones de sulfato de sodio. Allí bajamos y tomamos algunas fotos.

 Laguna Colorada.

Puesto Cortaderas.

Nuestro camino continúa pasando por algunos puestos dispersos como Cortaderas. Mientras la silueta del Cerro Beltrán nos acompaña a lo lejos en el camino y la áridez del terreno se impone, un nuevo hilo de agua da lugar a la presencia de una nueva vega: Calalaste.



Bañada por el Río Calalaste, este hermosa vega con su cristalino río nos acompañará en una parte importante del camino. Allí llamas, vicuñas pastan y toman agua tranquilamente y nuestra invasora presencia no las perturba para nada razón por la cual este trayecto ha sido un interesante punto de varias tomas de fotos.





Alguna que otra sorpresa siempre depara en la Puna y una de ellas es la presencia majestuosa de un cóndor sobrevolando el cielo de Calalaste.



Una y otra vez nos detenemos a disfrutar del paisaje. En una de esas detenciones Fer agarra un vaso y se sirve agua del mismo río. Debo decir que en principio lo paré porque suponía que eran aguas que pudieran contener arsénico pero la voz autorizada de Crisanto, conocedor del lugar por haber nacido y haberse criado en Antofagasta de la Sierra, nos dio el visto bueno. Así fue como nos servimos, tomamos y llenamos una botella con la frescura de sus cristalinas aguas. También hubo tiempo para el entretenimiento!!!



Mientras íbamos redescubriendo la belleza del camino a Antofalla, nos detenemos una vez más para explorar un poco. Allí Crisanto junta un poco de Copa Copa utilizados para el hígado, estómago, golpes de aire y descontracturante o la Rica Rica utilizada como yuyo digestivo en las infusiones y la Baila Bien para las articulaciones pero sin dudas la que más nos sorprendió era el Repollo de la Puna con su colorida flor amarilla.


Seguimos camino y emprendemos una importante subida en donde al verdor de la Vega de Calalaste le prosigue la áridez extrema de nuestra querida Puna. Allí empiezan a verse cada vez más cerca los cerros nevados, el viento comienza a ser más frío y el oxigeno comienza a ser más enrarecido.

 Cerro Beltrán.

 Volcán Antofalla.

Cerro Tebenquicho.

El camino apunta directamente a la presencia imponente del pico nevado del Volcán Antofalla con sus 6409 metros de altura hasta un punto en el que el paisaje se abre para poder contemplarlo en toda su magnitud. Ese lugar fue el que hemos escogido para la toma de varias fotos.


Nuevamente seguimos, esta vez en bajada, hasta la Vega Los Colorados en donde el verde se hace nuevamente presente gracias a la acción de un pequeño curso de agua y que contrasta con el rojo de sus cerros. Allí también nos detuvimos un largo rato primero para comer algo en un puesto recientemente abandonado por el fallecimiento de su dueño que nos hizo recordar también al reciente fallecimiento del señor Rodríguez que vivía en Mina Arita en forma solitaria. Luego de ello, iniciamos una pequeña exploración por la vega y descubrimos que el curso de agua que riega a la misma se encajona y forma una pequeña cascada.










Luego de ello continuamos camino ascendiendo hasta el balcón de Antofalla desde donde se divisa el Salar, el pueblo y los volcanes Antofalla y Tebenquicho. Allí no alcanzan las adjetivaciones para poder describir la grandiosidad y belleza del paisaje. Todos estábamos en silencio contemplando, admirando y atesorando en nuestras retinas paisajes que son verdaderamente únicos!!!








Es sin lugar a dudas otro de los paisajes de nuestras vacaciones que realmente emocionan!!!
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