Luego de sacar algunas fotos seguimos viaje, por momentos el camino resultaba algo duro y al cabo de estar como unas dos horas de camino volvimos a tener nuestro segundo infortunio: la misma rueda vuelta a pinchar. Dos gomas pinchadas esta vez parecíamos sonados ya que encima el diagnóstico fue que la rueda era inservible. Hilarión, que no es un improvisado, se arremangó y le puso parche a la rueda, gracias a ello pudimos seguir, previo al almuerzo que hicimos aprovechando la parada obligada. Sin embargo ya estábamos advertidos una rueda más que tuviera problemas equivaldría a estar lisa y llanamente en el horno con papas.
El paisaje del altiplano pese a su supuesta monotonía es constantemente cambiante ante la mirada aguda. A lo largo de este se pueden observar distintos colores, manadas de llamas, rebaños de ovejas, cabras, burros, algunos suris que corren rápidamente a mimetizarse entre las rocas y la pobre vegetación de altura, huidizas vicuñas, pequeños ríos, mucho sol y también amenazantes nubes ennegrecidas que avisan la pronta presencia de las tormentas de verano con sus temibles rayos que pueden visualizarse desde kilómetros de distancia. Fue así que con la tormenta en ciernes es que pinchamos la tercer rueda en el día...noticia más que fatal ya que no contábamos con auxilio. Todavía no habíamos llegado a San Pablo de Lípez y mucho menos a San Antonio de Lípez, lugar donde descansaríamos y se harían los arreglos pertinentes. Todo parecía encaminarse a que tuvierámos que esperar largamente a que otro contingente nos alcanzara pero por suerte esta espera no duró más de 20 minutos. La solidaridad entre los choferes de distintas empresas es una regla que se mantendría todo el viaje ya que quedarse en el medio de la nada no es algo lindo para nadie.
Desde este lugar y hasta San Antonio de Lípez la amenazante tormenta dejó de ser una amenaza para convertirse en una realidad, algunas veces con mayor intensidad otras con menor intensidad.
La lluvia, que se hizo más intensa durante la noche, hacía peligrar posibles destinos del día siguiente eso fue lo último que nos dijo Hilarión antes de despedirnos. Sin embargo, eso solo sería posible dilucidarlo en el camino y para ello nos levantaríamos temprano a las 5 de la mañana al día siguiente.


