27 de febrero de 2009

VALLES DE LA MUERTE Y DE LA LUNA.

Llegamos de la excursión de los Geiseres del Tatio y del trekking en el Valle de Cactus al mediodía bajo un sol absolutamente radiante. A los 2700 metros sobre el nivel del mar y con un sol que cae casi en forma perpendicular a nuestras cabezas no es lo mismo que a 4300 metros. Allí el calor se hace sentir, y este, fue la tarde más calurosa de nuestra estadía...unos 41º C de sensación térmica.
Claro que este sol abrazador lo hemos aplacado a base de una muy buena hidratación y de un buen descanso en la sombra hasta que llegado el momento fuimos hacia la agencia para ir al Valle de la Muerte y Valle de la Luna.

Esta curiosa formación nos muestra un rostro de perfil sacando la lengua.

Ambos valles se encuentran muy cerca de San Pedro de Atacama y son geológicamente valles jovenes....unos 23 millones de años.

El origen geológico del Valle de la Muerte es un lago emergido, claro que la presencia de esta agua fue por acción del tiempo evaporándose quedando la sal. La lluvia y el viento ha hecho y sigue haciendo el resto dando origen a hermosas rocas, minerales y cerros compuestos de sal, yeso y arcilla.
Estos dos hermosos valles forman parte de la Cordillera de la Sal y en ella albergan diversos paisajes que invitan a quedarse embelezado con el mismo...y eso fue lo que nos pasó.
Para la visita de ambos primero fuimos al Valle de la Muerte. La historia de su nombre es realmente curiosa ya que el valle era conocido por sus historias de muerte y explotación. El Padre Gustavo Le Paige intentó darle un nombre menos tétrico y lo bautizó como Vallée de mardi (Valle de Marte, dado su coloración). Al no entenderse lo que decía la cartografía esta fue interpretada como vallée de la mort o Valle de la Muerte, nombre que quedó finalmente como oficial. Allí accedimos a un mirador maravilloso donde pudimos contemplar el Salar de Atacama en toda su plenitud.

Vistas del mirador del Valle de la Muerte.

Luego nos fuimos al Valle de la Luna en donde pudimos ver claramente las diversas capas de roca que se fueron acumulando geológicamante: agua, ceniza volcánica, yeso, sal, etc.

Pasamos también por una extraña formación rocosa llamada Las Tres Marías el cual es uno de los principales atractivos del lugar.

Acto seguido a la derecha de Las Tres Marías nos metimos en una pequeña caverna donde en absoluto silencio pudimos comprobar la termodilatación que no es ni más ni menos que la acción del calor, la roca y el agua. También allí habían rastros de una antigua explotación de sal de la cual es mudo testigo una casilla y unos agujeros de dinamita.

De allí nos fuimos a una zona conocida como Gran Cráter o Anfiteatro donde nuevamente pudimos ver todo el Salar de Atacama en todo su esplendor.

Tras nuestra visita al Anfiteatro seguimos entre grandes dunas de arena para luego acceder a la Quebrada de la Sal y pasear entre dos grandes formaciones rocosas separadas tan solo por unos 4-5 metros entre si y atestadas de sal, yeso, estalacticas y estalagmitas, cavernas y bajo un silencio absoluto solo perturbado por algunas voces y la termodilatación.

Nuestra última estadía en este valle fue sin dudas un final a todo color y contraste, subiendo a la Gran Duna para contemplar el atardecer. El sol caía y su espectaculo silencioso deslumbró a todos los que allí nos encontrábamos. Lentamente y en silencio el sol se escondía entre las montañas y los colores del paisaje cambiaban a medida en que el día daba paso a la noche.

Así fue como otro día pasó en San Pedro de Atacama.


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